Tantos años para nada.

Comienzas a confiar en que las cosas van a cambiar, en que todo puede marchar mejor y el futuro por fin será semejante al que habías soñado; al menos en algunas cosas el final podría definirse como feliz (o casi). Despiertas, abres los ojos y te das cuentas de que te encuentras en el mismo punto en el que estabas hace ocho años.
Quizá el conocimiento de mi mismo haya cambiado. Yo he evolucionado como persona pero eso no me va a ayudar a salir de la situación en la que estoy, de nuevo estancado y sin futuro, sin ganas de nada y habiendo asumido hace tanto que no hay futuro; casi había vuelto a tener esperanza, o quizá sólo había soñado que la tenía.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota