Durante cinco horas estuve observando al otra noche cómo la gente interactuaba entre ella, cómo hablaban y trazaban endebles lazos para pasar las horas de espera.
En otras ocasiones me pongo mi máscara y yo mismo puedo entrar en ese juego, parecer normal, pero no era el caso. Estaba demasiado mal para ello y preferí quedarme al margen.

Mirándolos me di cuenta de que comparto con ellos el planeta, sí. Mas yo no pertenezco a esa sociedad, soy un extraño obligado a moverme entre gente que no comprendo, a los que no puedo considerar mis iguales (no, no es que yo se superior, es que somos tan distintos...).

Nunca he sido normal. Aprendí a encajar como un camaleón aprende a cambiar de color, pero a fin de cuentas tengo algo claro: estoy sólo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota