Arenas movedizas

Abrumado por la soledad, que como si de una densa niebla se tratara envuelve mi ser, intento buscar l forma de conocer a alguna persona con la que poder hacer algo de vida. Una parte de mí desea encontrar una compañera para poder salir, reír y estar en silencio sin que exista incomodidad. Entonces, cuando vuelvo a planteármelo, me analizo: ¿Qué podría aportar yo?¿Qué puedo ofrecer a alguien o qué puede nadie ver en mí? Y ahora soy yo el que se arropa con el manto de soledad. Hundido, eso sí, al menos más que antes.
Busco formas de salir de esta oscuridad y no encuentro ningún camino que quiera tomar. Mis miedos, mis inseguridades... Todo se apodera de mí y vuelvo a convertirme en una sombra que no quiere tener contacto con el mundo. Mejor dicho, quiero pero no me atrevo; temo demasiado que los demás puedan verme tal y cómo yo lo hago.
Vuelvo a darme cuenta de la gente que me ha importado y ha desaparecido de mi vida; las personas que me descartaron, aquellas con las que pensé que podía ser feliz y que me infundían una fuerza asombrosa para enfrentarme a mi día a día.
Cada momento que pasa odio más mi cuerpo y desprecio mi alma. No, no puedo destruirlos; al menos no todavía, debo esperar.
Sólo soy una carcasa horrenda, con una mente torturada muy alejada de la cordura.

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