El viaje

Así decidimos llamarlo un día haciendo referencia a todo lo que tenemos que afrontar ahora: nuestros juicios, nuestros problemas, nuestra enfermedad, y a la vez nuestra convivencia.
No pensar en el futuro fue uno de los preceptos de la unión, aunque ambos lo violamos creándonos nuevas preocupaciones. Y así, en mi caso, sólo puedo decir que la mayor parte de los días o desconecto o estoy mal; pocas son las veces en las que puedo decir que me siento optimista.

Primero mi lucha ¿Y después, qué? ¿Qué futuro me espera?
También le doy vueltas al hecho de acabar con una persona ¿Será la persona adecuada?¿No debería quedarme soltero y no aguantar a nadie; y que nadie tenga que aguantarme?. Y eso que la convivencia va cada vez mejor, al menos hacia mi parte. Yo le he dejado su espacio y su libertad y me dedico bastante tiempo a mí. ¿Suena egoísta? Lo es, pero lo necesito. Había algo sagrado en mi vida antes de todo esto y era mi soledad. Es algo que siempre he necesitado y que siempre necesitaré, pero ella ha aprendido a no romper los momentos que paso conmigo mismo. Obviamente, y aunque no sea igual,  estamos aprendiendo a adaptarnos (aunque sea ella la que lo haga mucho más que yo).

Supongo que de alguna forma, pese a casi no notar su presencia cuando necesito mi espacio, y a tener compañía en otros momentos, es como si hubiera dejado entrar a alguien en mi guarida (no sólo en mi vida) y sea ella la que debe adaptarse realmente a mis ritmos. Egoísmo por mi parte, que luego intento suplir con otras cosas.

Así vamos los dos en nuestra barca. Sin rumbo fijo y con la esperanza de llegar a algún lugar. Y ambos rompiendo la promesa de no hacernos la pregunta de qué destino nos espera.                                                      

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