Adicto

Una avalancha de hechos trágicos ha caído sobre mí; y sigue haciéndolo. Ya no sé que esperar en cada despertar, esas amistades que eran para siempre y han resultado ser tan falsas como los famosos "monos de agua" que anunciaban en los cómics cuando éramos niños.

Lo de la empresa me lo esperaba hasta cierto punto. A falta de volver a hablar con el abogado creo que no se han dado cuenta del daño que puedo llegar a hacerle a la misma, que la mala publicidad, un juicio y el hacer públicas todas las pruebas que he ido recopilando (ya me importa poco que sea de una forma legal o no) acabarán con los contratos de la Junta y muy probablemente, en cuanto se publicite, con las grandes compañías comiencen a retirar sus contratos por mantener su imagen, dejando en la calla a muchas personas. Pero ya sé que no ha sido mi decisión, yo he avisado durante seis meses por activa y por pasiva y he sido ignorado. Es Unai, capitán del barco, el que ha decido dirigirlo con su prepotencia hacia los arrecifes. 

Pero duele, esta lucha duele. Ves a amistades que pensabas recuperar de alguna manera, esas con las que dejaste una conversación pendiente y que pensaste que tendría lugar traicionar su palabra y retirarte su apoyo. Y llego a comprenderlo, es  una forma de vengarse de algo que no ha querido entender, de esas explicaciones que no ha querido escuchar.  Y finalmente sólo una amistad será fiel hasta el final, esos que se han apuntado a declarar pueden retirarse en cualquier momento. Yo lo sé y confío en las grabaciones y en otras pruebas. 

Todo me viene grande ya. Me he dejado la piel ayudando a otra persona, creo que he conseguido que se sienta como en casa y que he tirado lo suficiente como para que ella comience a salir de su propio pozo. Nos falta trabajo, su habitación no acaba de estar lista, pero es lo de menos, nos queda tanto que luchar... Y que sufrir.

Y lo confieso, me estoy volviendo adicto para poder superar todo esto. Algo que me ha herido sobremanera, que me ha hecho empeorar y que también pienso cobrarme en una venganza digna del Conde de Montecristo. Ahora las pastillas me ayudan a no hacer ninguna locura, a mantenerme en este mundo, a no sacar de él a otros, a evitar esas conversaciones incómodas sobre traiciones que debería tener con ciertas personas. A evadirme en algunos momentos de ese tornado de pensamientos que no para de agitar mi mente y arañar mi cordura. Pero tengo que aguantar, cada nueva herida me da más fuerza y alimenta mi ansia de venganza por la traición recibida. 

He querido dialogar y se ha reído de mí, como lo hacen de todos. Ahora toca guerra. 

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