Un cuento de hadas I
¿Queréis un cuento de hadas? Pues os habéis equivocado, esto no es más que una historia real.
No me había fijado en ella más de lo que podría haberlo hecho en alguna otra persona. No existió esa chispa que hace que algo se convierta en mágico ni me quedé sin respiración cuando pasó a mí lado; es más, tuve la impresión de que era demasiado creída y pensé que no era para nada mi tipo.
Tiempo después me fije en esas cicatrices que ambos compartimos, eso fue lo que me hizo ver que esa persona sufría, lo que la convirtió en interesante y aunque ofrecí mi apoyo ella lo tomó como un ataque.
Mucho tiempo después el destino quiso que la noche (y el alcohol) nos unieran. Tantas cosas semejantes que muchas veces era casi como mirarse a un espejo; y no hablo de gustos o ese tipo de cuestiones, es la forma de vivir y sentir.
Yo no soy un príncipe azul; ya ni tan siquiera se puede decir de mí que sea un caballero, esas tonterías quijotescas me las arrebataron ya años atrás. Ahora soy una persona que intenta no ser mala. Y durante la primera relación intenté ser un apoyo. Pero no recibí lo mismo a cambio cuando fue mi situación; lo que no me esperaba era recibir tantas críticas por no "implicarme" lo suficiente. Acto seguido vino una larga charla sobre lo que ella deseaba y lo que yo podía ofrecer y tras muchas horas de chat y una noche sin dormir decidí cortar la relación. Ya dejo trabajar a la parte lógica de mi cerebro en ciertas circunstancias, tras las hostias recibidas y un corazón con demasiados botes de superglue.
Cuando quedamos recibí gritos, insultos y humillación pública. Una conversación en la que me dejaba claras sus intenciones de suicidarse, por lo que la obligué a contárselo a sus padres a través del interfono y cuando subió hacia su casa esperé desde lo lejos para asegurarme que la llevaban a urgencias.
La verdad es que me dolió mucho perderla así y contacté con ella una vez estuvo ingresada. Lo intentaríamos de nuevo cuando saliera. Una tarde en mi casa, una charla normal y quedar para hacer un bizcocho la siguiente tarde. Incluso despedida con beso. Y la tarde siguiente recibo largas y más largas hasta que llega el mensaje un escueto mensaje "No puedo ser tu amiga". Sin motivos o explicaciones de ninguna clase aguanté el tipo y me vine jodido a casa.
Sí, tuve suerte de estar pendiente de la gente y de tener apoyos porque me he pasado muchísimo tiempo sin ellos.
Lo que yo no sabía por aquellos entonces es que llevaba tiempo robándole medicamentos a su madre y que estaba ida, que no había entendido nada de lo que habíamos hablado en realidad.
Después de eso le perdí la pista un tiempo. Supuse que simplemente seguía con su vida, alguna vez me comentaban algo cuando preguntaba, que si había quedado en darle un regalo a Yoli o alguna otra información de poca validez. Lo cierto es que no tuve ningún dato verídico y cuando pasas dos semanas sin saber de tu ex, pues lo normal es que tu ex no quiera saber de ti. Así que cogí mi madurez, aprendida de errores anteriores, y opté por seguir con mi vida.
Tiempo después, cuando todo se había calmado comenzaron a llegarme correos suyos; o a veces whatsapp si no me había puesto la cabeza como un bombo y la había bloqueado temporalmente. Siempre había malos entendidos y los intentos por ser hablar e intentar recuperar al menos una amistad quedaban truncados por nuestras formas de ser.
Hasta que yo tuve una crisis por el exceso de tensión. Por preocuparme por los problemas laborales, por la culpabilidad que sentía por enrollarme con la expareja de un amigo, por saber que de enterarse tanto el amigo como otra persona que nunca había dejado de importarme, aunque había asumido que no podíamos formar parte de una misma vida, iban a sufrir. Y perdí el control en lo que llamé la caótica semana, de la que guardo pequeños fragmentos de recuerdos.
No me había fijado en ella más de lo que podría haberlo hecho en alguna otra persona. No existió esa chispa que hace que algo se convierta en mágico ni me quedé sin respiración cuando pasó a mí lado; es más, tuve la impresión de que era demasiado creída y pensé que no era para nada mi tipo.
Tiempo después me fije en esas cicatrices que ambos compartimos, eso fue lo que me hizo ver que esa persona sufría, lo que la convirtió en interesante y aunque ofrecí mi apoyo ella lo tomó como un ataque.
Mucho tiempo después el destino quiso que la noche (y el alcohol) nos unieran. Tantas cosas semejantes que muchas veces era casi como mirarse a un espejo; y no hablo de gustos o ese tipo de cuestiones, es la forma de vivir y sentir.
Yo no soy un príncipe azul; ya ni tan siquiera se puede decir de mí que sea un caballero, esas tonterías quijotescas me las arrebataron ya años atrás. Ahora soy una persona que intenta no ser mala. Y durante la primera relación intenté ser un apoyo. Pero no recibí lo mismo a cambio cuando fue mi situación; lo que no me esperaba era recibir tantas críticas por no "implicarme" lo suficiente. Acto seguido vino una larga charla sobre lo que ella deseaba y lo que yo podía ofrecer y tras muchas horas de chat y una noche sin dormir decidí cortar la relación. Ya dejo trabajar a la parte lógica de mi cerebro en ciertas circunstancias, tras las hostias recibidas y un corazón con demasiados botes de superglue.
Cuando quedamos recibí gritos, insultos y humillación pública. Una conversación en la que me dejaba claras sus intenciones de suicidarse, por lo que la obligué a contárselo a sus padres a través del interfono y cuando subió hacia su casa esperé desde lo lejos para asegurarme que la llevaban a urgencias.
La verdad es que me dolió mucho perderla así y contacté con ella una vez estuvo ingresada. Lo intentaríamos de nuevo cuando saliera. Una tarde en mi casa, una charla normal y quedar para hacer un bizcocho la siguiente tarde. Incluso despedida con beso. Y la tarde siguiente recibo largas y más largas hasta que llega el mensaje un escueto mensaje "No puedo ser tu amiga". Sin motivos o explicaciones de ninguna clase aguanté el tipo y me vine jodido a casa.
Sí, tuve suerte de estar pendiente de la gente y de tener apoyos porque me he pasado muchísimo tiempo sin ellos.
Lo que yo no sabía por aquellos entonces es que llevaba tiempo robándole medicamentos a su madre y que estaba ida, que no había entendido nada de lo que habíamos hablado en realidad.
Después de eso le perdí la pista un tiempo. Supuse que simplemente seguía con su vida, alguna vez me comentaban algo cuando preguntaba, que si había quedado en darle un regalo a Yoli o alguna otra información de poca validez. Lo cierto es que no tuve ningún dato verídico y cuando pasas dos semanas sin saber de tu ex, pues lo normal es que tu ex no quiera saber de ti. Así que cogí mi madurez, aprendida de errores anteriores, y opté por seguir con mi vida.
Tiempo después, cuando todo se había calmado comenzaron a llegarme correos suyos; o a veces whatsapp si no me había puesto la cabeza como un bombo y la había bloqueado temporalmente. Siempre había malos entendidos y los intentos por ser hablar e intentar recuperar al menos una amistad quedaban truncados por nuestras formas de ser.
Hasta que yo tuve una crisis por el exceso de tensión. Por preocuparme por los problemas laborales, por la culpabilidad que sentía por enrollarme con la expareja de un amigo, por saber que de enterarse tanto el amigo como otra persona que nunca había dejado de importarme, aunque había asumido que no podíamos formar parte de una misma vida, iban a sufrir. Y perdí el control en lo que llamé la caótica semana, de la que guardo pequeños fragmentos de recuerdos.
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