2016 no mejora...

Soy una persona muy distinta a las demás. Por fuera nadie apreciaría lo mucho que sufro o cómo puedo sentirme, tampoco cómo pueden herirme cosas que no dañarían a nadie más que a los míos, a los que padecemos esta enfermedad.
He hecho daño de múltiples formas a todas las personas que me rodeaban. Durante muchos años las culpaba a ellas de todo lo que ocurría, todos eran malos, todos tenían la culpa de no comprenderme y yo, siempre a la defensiva, asumía que cualquier comentario estaba hecho con malicia. Y sin embargo esto es simplemente una parte de mí, el resto del tiempo he sido una persona sociable, la gente que no tenía demasiado roce conmigo siempre quedaba sorprendida de lo majo que podía ser. No tenían tiempo, por fortuna, de ver ese demonio que es esta enfermedad. Padezco trastorno límite de la personalidad y durante muchos años ha quedado enmascarado por una depresión y el mal hacer de los psiquiatras, su falta de interés real en el paciente.
Tuve suerte y aunque mi lucha acaba de comenzar, ni tan siquiera llevo un año. Pero tengo esperanza en que las cosas puedan mejorar, siguiendo las pautas de los especialistas y, mucho más importante, queriendo hacerlo. No quiero volver a hacer daño a mis seres queridos. En mis momentos de locura he hecho cosas que podrían haberme llevado a la cárcel, he dado enormes disgustos a mis padres y más de una vez los he visto llorando sin saber si su hijo iba a sobrevivir.
Por fortuna hay algo que todavía no he hecho y es hacer daño a la mujercita de mi vida, mi sobrina.

Esto es una enfermedad genética y muchos parientes míos están igual, pero no desean tratarse. Mi madre, la que durante mucho tiempo fue para mí un ejemplo a seguir, se niega a recibir ayuda, a dejar aquellas conducas que acaban produciendo que todavía nos comportemos peor, cosas que debemos apartar de nuestras vidas como el alcohol o las drogas, o la medicación sin supervisión. No me imagino qué debe de sentir una niña de siete años cuando una persona a la que quiere y admira la trata de malas maneras sin motivo.

Creo que es un buen momento para admitir que se tiene un problema y que éste se agrava con la bebida. Ese problema no es la depresión, la depresión es un efecto secundario del mismo y enmascara la causa principal. Yo desearía que mi madre pudiera contener ese demonio que tenemos dentro, pero sé que no voy a tolerar que sea una niña la que reciba la ira que procede de su frustración.

Necesitas ir a salud mental. Necesitas un buen diagnóstico con todos los datos y necesitas un tratamiento que realmente sea acorde con lo que te ocurre realmente, porque toda tu preocupación y tus buenas acciones quedan destruidas en un momento cuando pierdes las formas de esa manera.  No me vale de nada que vayas a mil reuniones si la causa principal de angustia en casa es el no saber cómo vas a reaccionar ese día. Necesitamos que lo hagas, por ti y por los demás, aún puedes conseguir disfrutar algo de la vida.

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