Estos meses
Se acerca el día en que deberé enfrentarme a la empresa, quizá ya hayan comenzado las conversaciones entre mis abogados y ésta y prefieran mantenerme al margen (para mí supone un bache enorme y está acabando con mi moral) por el momento.
Intento no darle vueltas a la situación pero me es imposible y no creo que pueda parar ya hasta que esto esté solucionado.
Hoy además he rescatado, aunque no leído, lo que había escrito del blog anterior hasta marzo; mucho ha llovido y demasiadas cosas han cambiado desde entonces. Yo he conseguido limar algunas de las de esas cuestiones personales que tanto me preocupaban, pero mi esencia sigue siendo la misma y sé lo que puedo hacer en cualquier momento.
Aunque aquí no haya llegado a quedar reflejado, durante el verano estuve trabajando con unos horarios brutales, durmiendo con suerte un par de horas al día y cargando con la responsabilidad de que todo funcionara bien en la nueva sede. Se me cambió el contrato y se me prometió que seguiría así para evitar que ciertos problemas que habíamos tenido con las bases de datos volvieran a ocurrir.
No podía imaginarme yo que el primero de todos sería el que se negasen a pagarme las horas extraordinarias que había realizado. Estaba acostumbrado a no recibir las nocturnidades, a no cobrar conforme a las labores que realizaba, pero tenerme días sin dormir para no querer pagármelo... No pude más y mi cabeza explotó, por fortuna lejos de los culpables o quizá estuviera escribiendo esto desde un lugar muy distinto a mi salón.
Tras tres meses tras ellos, recibiendo largas constantes por parte de la empresa, al final la vía diplomática se ha acabado y queda todo en manos de mis abogados. Esos sí, el coste de los mismos, por ser un perjuicio causado por la empresa, también será exigido. En caso de negativa no tengo problemas en meterme en juicios contra de la empresa, juicios que se ganarán con facilidad y que obligarán a la empresa a pagar todos los costes derivados
Si hasta ahora me ponía malo tener que pasar a entregar la baja, mucho más lo haré a partir de ahora sabiendo que las cosas van a estar mucho más tensas.
El tener unas personas que comenzaron apoyándome se ha ido complicando cuando una de ellas, fruto de la misma enfermedad que yo, comenzó a atacarme cuando intentábamos comenzar una relación y aunque he intentado mantenerme a su lado deferentes formas ha acabado expulsándome de su lado; que fuera de forma definitiva lo he escogido yo (y no porque no me preocupe por ella, simplemente no puedo aguantar esos juegos de que sí y que no).
Ahora tengo una aventura que no me hace sentir demasiado cómodo. Me juego una amistad y el bienestar de varias personas. La pareja de ella que cree que pronto se le pasará y volverá, el cómo puede afectar a la chica con la que estuve si se entera, la relación con una amiga en común, amiga a la vez de dicha pareja (o expareja, siendo más correctos) y por supuesto, la de la chica. Yo le he dejado claro que no quiero nada más allá de risas y ratos, pero intuyo que, aunque lo niega, en el fondo ella anda buscando otra cosa. Quizá no ahora, pero en el futuro sí que la querrá. ¿Por qué lo sospecho? Pues porque he conseguido que me confesase que llevaba tiempo sintiendo algo por mí, desde bastante antes de dejarlo con su pareja. Sé que intenta ser estratega y no agobiarme, supongo que lo hace como amiga porque me conoce, pero a la vez puedo sentir esa esperanza de que con el tiempo las cosas van a cambiar.
En fin. Así está siendo mi vida y ahora, con la apertura de la guerra, esa oscuridad que tanto tiempo llevaba lejos de mí vuelve a estar presente. Las ganas de llorar al levantarme, la sensación de desesperación, el no querer existir y la vez querer que todo esto pase. Ojalá nunca me hubieran llamado para montar la maldita sede, luego se habla del karma y las buenas acciones... Perdí mis vacaciones de verano por montar la dichosa sede y el destino me castiga con ello. Con un curro al que me será imposible volver sin ponerme enfermo si es que no me echan antes (cosa que deseo para apartarme de semejante foco de malestar). Por supuesto no puedo pedir la marcha voluntaria sin perder cualquier derecho a ayudas y tampoco sé si podré cambiar de trabajo estando de baja (cosas de las que deberá informarme la chica que me lleva los asuntos de trabajo en Feafes).
Un texto denso, carente de un estilo literario decente, pero es que sólo se cuenta lo que ha pasado y no quiero recrearme en mis momentos de desesperación y en cómo mi mundo se ha vuelto de pronto gris, desapareciendo todo posible futuro del mismo. Vuelve a llover barro y la normalidad que me ha acompañado durante el último año se desvanece, dejando paso a la criatura de mi interior, a mi propio lado oscuro, abarrotado de desesperación, miserias y melancolía. No quiero volver a ser un estorbo para mi familia, una preocupación para mis escasos amigos.... Nuevamente vuelvo a desear la paz
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