En el otro bando
He pasado mucho tiempo siendo yo la persona que sufría el desamor y había perdido creído perder el control de todo, sintiéndome muerto y dolorosamente vivo a la vez. Siento, de hecho, que la última persona a la que entregué mi corazón e ilusiones se las quedó, pues han pasado más de cinco años y aunque en pequeñas dosis me he sentido bien, lo cierto es que no he logrado superarlo. Un golpe demasiado duro y aunque ese amor irracional y animal que sentí, todo ese sueño y esa magia que fue para mí, se hayan desvanecido y no quede más que un recuerdo que rara vez cobra vida.
Hoy soy yo quien ha de apartar a una persona de mi lado y me siento treméndamente culpable por hacer daño a alguien y no poder evitarlo.
He ofrecido ayuda y no ha servido. He aguantado sus gritos e insultos en la calle y he dado luego una nueva oportunidad, intentando construir una relación basado en algo distinto a la pasión que ya sentí una vez. Pero nada ha funcionado y todo se ha ido al traste una y otra vez.
Siento tanto tener que contenerme para no escribirte y decirte que te he querido de verdad, aunque sé que no como lo he hecho en otras ocasiones. No te he mentido, te he dado todo lo que podía y he puesto lo que estaba en mi mano a mi alcance... Lógicamente he usado la lógica y no te he invitado a vivir conmigo ni te he pedido matrimonio en ese par de semanas buenas que hemos vivido y de las que, lo creas o no, guardaré un buen recuerdo. Pero todo se rompió y no puedo decirte que deseo estar contigo. Ya no.
Sólo me quedaba ofrecerte mi amistad, mi casa si tus problemas familiares volvían y necesitabas algo, mi ayuda. Te he ofrecido un pilar, hablado de terapias y lo único que has hecho ha sido atacarme. Y entiendo tu ira, ilógica, al que ves como causante de un mal que ya existía antes de que yo llegase. Sólo te pedí un poco de espacio para que la herida cerrase.
No has mantenido las distancias y has abusado de eso que te ofrecía, usándolo como excusa para poder tener algo de trato conmigo. Luego has vuelto a tus ataques sin que yo logre entender qué hice para causarlos. Y sí, compartimos enfermedad y dolor, pero somos muy distintos pues yo he buscado respuestas sin atacar constantemente a aquellas personas a las que decía amar. Y a mí sí me mintieron, sí fui víctima de falsas promesas pero respeté el espacio todo lo que pude (me arrepiento de no haber sido posteriormente más distante al igual que me arrepiento de no haber mandado a la mierda a esa persona que me echaba de su casa, mientras yo rogaba porque mis temores no se cumplieran, pese a que en el fondo sabía que todo había sido una mentira que acababa en ese momento).
No puedo despedirme de ti sin hacerte más daño. Ahora me odias y atacas con rabia en tus comentarios y no quiero defenderme; te aprecio lo suficiente como para cargar con cualquier barbaridad de esas que dices de mí y que ese sentimiento no torne en otro que tengas que soportar tú como la culpa y el dolor.
Me despedido de ti desde el silencio, deseándote lo mejor y sin que sepas que también se escapan mis lágrimas cada vez que tengo que pensar en todo ello, aunque lo que haga normalmente sea ponerme mi máscara y salir a la calle a sonreír, con esas amigas, que ahora sé, jamás te han llegado a importar y que sólo utilizaste para llegar a mí.
Hoy soy yo quien ha de apartar a una persona de mi lado y me siento treméndamente culpable por hacer daño a alguien y no poder evitarlo.
He ofrecido ayuda y no ha servido. He aguantado sus gritos e insultos en la calle y he dado luego una nueva oportunidad, intentando construir una relación basado en algo distinto a la pasión que ya sentí una vez. Pero nada ha funcionado y todo se ha ido al traste una y otra vez.
Siento tanto tener que contenerme para no escribirte y decirte que te he querido de verdad, aunque sé que no como lo he hecho en otras ocasiones. No te he mentido, te he dado todo lo que podía y he puesto lo que estaba en mi mano a mi alcance... Lógicamente he usado la lógica y no te he invitado a vivir conmigo ni te he pedido matrimonio en ese par de semanas buenas que hemos vivido y de las que, lo creas o no, guardaré un buen recuerdo. Pero todo se rompió y no puedo decirte que deseo estar contigo. Ya no.
Sólo me quedaba ofrecerte mi amistad, mi casa si tus problemas familiares volvían y necesitabas algo, mi ayuda. Te he ofrecido un pilar, hablado de terapias y lo único que has hecho ha sido atacarme. Y entiendo tu ira, ilógica, al que ves como causante de un mal que ya existía antes de que yo llegase. Sólo te pedí un poco de espacio para que la herida cerrase.
No has mantenido las distancias y has abusado de eso que te ofrecía, usándolo como excusa para poder tener algo de trato conmigo. Luego has vuelto a tus ataques sin que yo logre entender qué hice para causarlos. Y sí, compartimos enfermedad y dolor, pero somos muy distintos pues yo he buscado respuestas sin atacar constantemente a aquellas personas a las que decía amar. Y a mí sí me mintieron, sí fui víctima de falsas promesas pero respeté el espacio todo lo que pude (me arrepiento de no haber sido posteriormente más distante al igual que me arrepiento de no haber mandado a la mierda a esa persona que me echaba de su casa, mientras yo rogaba porque mis temores no se cumplieran, pese a que en el fondo sabía que todo había sido una mentira que acababa en ese momento).
No puedo despedirme de ti sin hacerte más daño. Ahora me odias y atacas con rabia en tus comentarios y no quiero defenderme; te aprecio lo suficiente como para cargar con cualquier barbaridad de esas que dices de mí y que ese sentimiento no torne en otro que tengas que soportar tú como la culpa y el dolor.
Me despedido de ti desde el silencio, deseándote lo mejor y sin que sepas que también se escapan mis lágrimas cada vez que tengo que pensar en todo ello, aunque lo que haga normalmente sea ponerme mi máscara y salir a la calle a sonreír, con esas amigas, que ahora sé, jamás te han llegado a importar y que sólo utilizaste para llegar a mí.
Comentarios
Publicar un comentario