Una nueva decepción y paso el día angustiado pensando en cosas que, seguramente, para otras personas serían tonterías. Por un lado estoy esperando ver si los impresentables de jazztel me devuelven el dinero que me cobraron de más en la pasada factura, tal y como me prometieron. Por otro, y esto no es tan tontería, aunque hace unos días me veía con la parte laboral bastante más estable y hoy todo se ha venido abajo al ver que en mi supuesto contrato de coordinador/informático me han puesto la categoría de teleoperador pelado. Vamos, que tengo mucha más responsabilidad y cobro lo mismo que todos los demás.
No sé si se tratará de un error o de algo intencionado, pero lo que sí sé es que si no se rectifica ese contrato mañana continuaré parado y mi relación con esa empresa habrá cesado. Mientras otros se montan el cuento de la lechera viéndose en una posición mejor a la que tienen en ese momento, yo siempre veo como el cántaro se rompe antes de haber caído, pues en mi vida las cosas buenas no suelen suceder. Es más, cuando lo hacen es para romperse y dejarme más hundido de lo que estaba antes, como ya ocurriera aquel agosto del 2010.
Y con es parte de mí rota ya no tengo ese impulso para luchar por las cosas, pues como muchas veces he dicho (o al menos pensado): yo ya estoy muerto. Así que no tengo nada que perder, no necesito trabajo, comida y me importa poco arroyar con todo aquello que se me ponga delante como si fuera un miura.
No sin dolor, claro está, espero el momento de poder entrar en el CRP y ver si hay algo en mí que se pueda arreglar o debo darme perdido definitivamente.
No sé si se tratará de un error o de algo intencionado, pero lo que sí sé es que si no se rectifica ese contrato mañana continuaré parado y mi relación con esa empresa habrá cesado. Mientras otros se montan el cuento de la lechera viéndose en una posición mejor a la que tienen en ese momento, yo siempre veo como el cántaro se rompe antes de haber caído, pues en mi vida las cosas buenas no suelen suceder. Es más, cuando lo hacen es para romperse y dejarme más hundido de lo que estaba antes, como ya ocurriera aquel agosto del 2010.
Y con es parte de mí rota ya no tengo ese impulso para luchar por las cosas, pues como muchas veces he dicho (o al menos pensado): yo ya estoy muerto. Así que no tengo nada que perder, no necesito trabajo, comida y me importa poco arroyar con todo aquello que se me ponga delante como si fuera un miura.
No sin dolor, claro está, espero el momento de poder entrar en el CRP y ver si hay algo en mí que se pueda arreglar o debo darme perdido definitivamente.
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