Reflejo del alma

He aprendido a controlar los gestos de mi rostro delante de los demás. Finjo bien las sonrisas, me adapto y puedo parecer esa persona segura de si misma que siempre tiene la capacidad de apoyar a los demás o de hacerles reír con algún comentario en el momento oportuno. Controlo muchos de mis actos (aunque por dentro las sensaciones que tenga sean muy distintas) y salvo por el hecho de mantener en realidad la distancia con el mundo exterior, normalmente consigo engañar a todos los que me rodean.

Hace tiempo que no uso gafas de sol. La realidad es que no lo hago porque se me han ido rompiendo, no porque no las encuentre necesarias; y hace un par de días pude comprobar cuánto las necesito cuando una persona que no me conocía pudo ver lo roto que está mi interior mirándome a los ojos, algo que no he aprendido a camuflar.

Así tuve una charla con una extraña que con una mirada supo más de mí que la mayoría de la gente con la que paso mi tiempo. Y aunque son temas que prefiero evitar y dejar enterrados, por el dolor que me produce recordarlos, fueron removidos en una charla que me ha dejado bastante aplastado y que ha evidenciado que por mucho que camufle el exterior, no veo posible que el interior se recupere.

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