Nesseah frente a Lete

Pese a que todos me conocen por el segundo nombre la realidad es que yo soy el primero. Lete fue un apodo puesto con apenas ocho años y que ha ido cambiando según crecía mi caparazón, la máscara que mostraba a los demás y que casi todos conocen.  Y no es que sean entes completamente diferentes, sencillamente el segundo cubría las debilidades del primero, y yo me he creído muchas veces mi propia mentira. Quizá incluso durante un tiempo Nesseah estuviese enterrado, hibernando, mientras el segundo tomaba las riendas y hacía su papel.

Así pues, de cara al público, no es extraño que todos vean un enorme cambio en mí durante estos años en los que la máscara se ha quebrado y he comenzado a ser más yo (digamos que esa ruptura ha acabado con la fusión de ambos en un único ser). Ya no soy el de las locuras y las fiestas, aunque sigo con esa sonrisa y comentarios jocosos para evitar mostrar mi verdadero ser cuando las fuerzas me lo permiten. Pero la melancolía y la tristeza siempre formaron parte de mí, al menos desde que dejé la niñez, y aunque todos vieron al chulo en moto, con su ropa negra y la cadena colgando en el pantalón, dentro siempre fui un ser vulnerable y extremadamente sensible. 

Algo debía de notarse cuando acabé siendo confidente de tantas personas y cuando muchas me entregaron su amistad (aunque  cuando el verdadero yo salió a la luz acabaron desvaneciéndose). 

Y como suele pasar cuando alguien decide escudarse bajo un pseudónimo para actuar, no es éste su alter ego, es su verdadero yo siendo lo que se ve en la vida normal la distracción.

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