Motivos y más motivos

¿Qué ha sido de mi vida durante estos meses? He hecho cosas que jamás pensé que haría.
Con todo planeado acudí a una meretriz, con la idea de cumplir los mundanos deseos del reo condenado ya.
Incapaz de ver el mal en las personas fui engatusado, como el estúpido que soy. Aunque ver ese engaño me dolió, pues había ofrecido mi amistad nuevamente en vano, fue la decepción del momento sin más.
Pero estúpido de mí caí nuevamente en la misma piedra. Buscando simplemente pasar mis últimos días centrado en lo terrenal y olvidarme de esa parte sentimental que me ha arrastrado a mi locura, encontré a otra persona, de igual profesión, que sí me hizo sentir una relación real y en la que vi algo, de eso que uno cree ver en las buenas personas.
Salir a dar una vuelta, echar unas risas y muchas conversaciones (y algunas frases de su vida que se me clavaron como espinas) para acabar con un tonteo que en mi inexperiencia no consideré muy propio de su trabajo.

Hablar de lo que podríamos hacer, de pasarlo bien (y no en un plano exclusivamente sexual), hasta que sin saber muy bien el cómo acabé recibiendo unas fotos que me incitaban a ir a verla. Más propias de la persona real que de su alterego profesional. Esa creencia fue la que me llevo a aceptar la locura de ir en ese momento, recorrer medio país para pasar un par de días con ellas (sí, con el negocio del sexo por medio, estaba claro, pero también con las ganas de ver a alguien que me hacía sonreír - y eso es mucho en estos tiempos).

No, no confundamos términos. No hablemos de amores locos o estúpidos, sigo creyendo que eso es algo que para mí dejó de existir, junto con la ilusión por tantas otras cosas. Pero sí que me sentía cómodo con ella en mis brazos, sin más, hablando de su vida; de su verdadera vida. Siendo depositario de nuevo de la confianza de alguien.

Y ahora viene lo duro. Dos días con alguien, con sexo contratado durante ellos y ver que esa persona te huye, sentir que está mal y no exigir lo contratado porque no sólo estás tratando con una persona, lo haces con una que ha llegado a importarte. Y saber que algo va a explotar, que se necesita una conversación y fingir que duermes mientras el plan se va preparando para poder pillarla in fraganti.

Que se te nieguen respuestas y que en un momento la persona que creías que existía, la que te importaba, se convierta en una nueva mentira (aunque sigas queriendo creer en ella).  Tener que volverte de madrugada, con la amargor de la traición anudándose en tu garganta.

Y hoy nueva conversación, tras dos días de locura con subidas y bajadas, con engaños y encontrando motivos para abortar el plan mientras otros actos, por contra, te convencen todavía más de que éste no es tu lugar.

¿Qué creer ahora? La experiencia me indica que lo peor que pueda pensar será lo real. Mi forma de ser, un soñador (aunque moribundo), desea creer las palabras que ha escuchado. Desea creer en imaginarias historias en las que una mujer, acostumbrada a ser un mero objeto para todos, es tratada como la persona que en realidad es, y que eso ha hecho que la conexión fuera distinta y la culpa también.

¿La verdad? A quién le importa. La realidad es la de siempre, Una persona que desaparecerá de mi vida, y ojalá lo hiciera sin más.; lo hace llevándose de forma injusta algo que le había cedido: mi confianza. Un punto más de confianza perdida en las personas y un motivo más para hacerme sentir un auténtico subnormal perdido en un mundo que no es el suyo.

Y vuelta entonces a lo de siempre: sonreír a los demás mientras las lágrimas las dejo para mi salón, en mi soledad, cuando recuerdo todo las mentiras que he vivido en mi vida y que he creído reales; para cuando pienso que no quiero más desesperanza y más dolor, que sólo quiero descansar sin sentir una puta mierda. Nada bueno o nada malo, sólo nada.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota