Crecen las ganas de poder compartir algunos momentos de mi vida, el deseo de tener alguien a quien abrazar, con quien reír y compartir instantes y silencios. Siento la ausencia de esa persona indeterminada y al pensar en ella el pavor se apodera de mí, pues la pensar en que alguien pueda entrar en mi vida veo un nuevo fracaso y revivo el dolor de los anteriores. Y nuevamente lo descarto como un imposible y abrazo la seguridad de la soledad.

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