Con cada revés que la vida me ha dado he ido marchitándome. Casi diría que mi esencia se ha ido corrompiendo hasta el punto de temer que todo aquello que tenía cerca merecía algo mejor que mi presencia.  Me he apartado de gran cantidad de amistades y no sólo para que no tuvieran que aguantar mis circunstancias, también porque necesitaba una soledad para morir o renacer... y aún no sé que es lo que estoy haciendo.

A otros los aparté de mi camino por cosas poco importantes, simplemente me faltaban fuerzas para debatir o hablar temas que en un pasado no hubieran sido el muro infranqueable en el que se han acabado convirtiendo. 

Una parte de mí tiene la esperanza de poder enmendar el daño hecho algún día, cuando yo haya comenzado a sanar, aunque dudo que lo que he roto pueda llegar a recomponerse.

Hoy, tras mil veces haberme analizado, intento buscar algo de positivo en el mundo al que miro, busco en los recuerdos esos sentimientos que algunas personas levantaron en mí e intento separarlos de la existencia de las mismas. En esencia, busco las ganas de vivir, reír y la fuerza para comenzar a reparar mis errores. Pero ahora no debo olvidar que tengo que evitar cometer más.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota