20140326

Es curioso lo que soñamos. Una parte de mí desearía pasar el resto de mi vida dormida, completamente desconectado del mundo real. A la otra le da miedo dormir por temor a aquello que pueda soñar o por quien pueda visitarme en sueños.
Algunas veces aparece mi expareja. No sé que soñarán los demás cuando las suyas aparecen; en mis sueños no sentimos nada el uno por el otro, el tiempo ha pasado y hay cosas que ha borrado, pero sí que sueño que podemos hablar como adultos de lo que ha pasado durante estos años, de lo que falló y lo que realmente nos separó, y que todo esto pasa sin que sienta su desprecio.
Hace un par de días soñé con Juanma, del que iba a poner que es mi amigo pero creo que ya me encargué de destrozar esa adjetivo. Nos cruzábamos y podíamos volver a hablar con la normalidad y el cariño que nos teníamos hace una década. Sin duda tan imposible como lo primero pues no sólo es que destrozase nuestra relación, es que tampoco desearía repararla, si se pudiera, hasta el día que me haya recuperado y vuelva a ser la persona que fui, o una mejor (algo que dudo mucho vaya a pasar).

Las mejores noches sueño con gente que no conozco o con cosas sin sentido. Poco importa que sean sangrías o sueños agobiantes, muchas veces estos son muchos más agradables que la realidad.

Las peores son aquellas en las que el destino decide meter en mis sueños a personas cuya mera presencia me quiebra el alma. Ya sea a modo de simples sueños o como algo tan real que te hace dudar de que sea algún tipo de extraña conexión.

Y pese a todo, por ahora sigo resisitiendo, hundido, vencido, roto, pero resistiendo sin saber ni como lo consigo. Sin apartar de mi mente ciertas ideas, ciertas puertas y salidas, y en parte agradeciendo no tener medios para poder empreder ese viaje en paz o es muy probable que, tan débil como soy, no pudiera evitar coger el billete.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota