Soltando amarras

Llevo años intentando atar todos esos cabos sueltos que hay en mi vida, intentando solucionarlo todo de la mejor forma posible y dándome contra un muro de problemas cada vez que lo hago.
Quemado por muchos otros problemas como las tensiones en mi familia, un verano lleno de estrés persiguiendo a médicos para que cumplieran con su obligación y me entregaran mi historia (sin conseguirlo), enfrentarme al tribunal de la minusvalía antes de lo que esperaba y sin estar lo suficientemente preparado.

Hay problemas de los que nunca podré huir ni deshacerme, pero en estos días sí me he dado cuenta de que no debía arreglar todos los obstáculos que se cruzaban en mi camino, quizá sólo debía aprender a sortear algunos.

En primer lugar querría decir que tuve mi "conversación" con Garblita, puesto que he verificado que el correo que mandé fue a una dirección que es sí era de su propiedad. Un cabo suelto que en lugar de haber sido atado, algo que habría ocurrido si hubiera tenido el valor, la bondad y la decencia de darme una explicación hablada, dedicarme esos diez o quince minutos que merecía tras entregarme a ella de pleno, ha sido cortado con una carta-monólogo en la que al menos podía desahogarme (aunque obviamente le importe una mierda lo que yo piense o deje de pensar, al menos me he dado el placer escribírselo).

El segundo cabo que me he visto a obligar es uno que los celos corrompieron hace mucho tiempo, en aquel momento en el que aquel al que durante tantos años he considerado mi mejor amigo me invitó a luchar por el amor de una persona (algo que nunca conseguimos ninguno de los dos), convencido de sus posibilidades y usando artimañas bastante rastreras que excusa como un intento de ayudarme porque en, claro, en el fondo el quería perder...  El resentimiento que he visto crecer durante estos años y el daño que esto le ha provocado al chocar sus sentimientos reales con lo que se suponía que era correcto hacer y sentir, ha provocado que esa amistad se fuera carcomiendo y haya quedado tan corroída completamente, siendo al final una fuente de dolor y enfrentamiento para ambas partes.  Un problema que pensé que debía ser arreglado hasta el momento en el que, por fin, me he dado cuenta de que lo que debía era ser apartado ya de mi vida. Algo que ya pertenece al pasado y que ha sido completamente corrompido por los celos. Otro cabo cortado.

Y finalmente, aunque duela, me siento más libre. Siento que no arrastro de forma obligada el peso de unos problemas que debí dejar atrás hace mucho tiempo. Y sé que debo seguir aprendiendo y que me enfrentaré a más cosas en el futuro, que son muchos más los problemas que afrontar, pero también sé que hoy son menos que ayer.

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