RIP 30-12-79 / 20-03-2005
Muchas son las veces en las que uso mis dotes de invisibilidad para pasar desapercibido (o al menos intentarlo) cuando me cruzo con algún conocido. ¿Los motivos? Por un lado la falta de ganas de tener que contestar a alguna de las típica pregunta de "¿Cómo estás?", "¿Qué tal todo?" y similares.
Parece que a esas preguntas sólo se puede contestar que todo te va genial, y aunque yo suelo contestar con un seco "como siempre", lo cierto es que la realidad es que me va como el culo y cada vez peor. En los últimos años apenas he levantado cabeza y cuando lo he hecho ha sido para volver a agacharla. Hace mucho que sobrepasé ese punto en el que me avergüenzo de mí, de lo que soy ahora, en lo que me he ido convirtiendo desde que tuve el accidente.
No son ya las taras físicas las que me preocupan sino lo mucho que ha cambiado mi persona, para mal en muchos aspectos. Quizá mis algunos de mis valores se hayan reforzado, puede que haya pulido algunas cosas de mí pero en general soy un aberración comparado con el chico que fui. Necesito las gafas de sol para salir y sentirme medianamente seguro cuando voy por la calle, me agobia al extremo estar con gente y cosas tan sencillas como ir a comprar, aunque las siga haciendo por necesidad, se han convertido en un infierno para mí.
Recuerdo que el primer ataque de ansiedad lo sufrí cuando, después de realizar el curso, fui a entrar en Atento y no pude bajarme del coche. Recuerdo que me salió una oferta para dar clases y al pensar en ello los nervios me obligaron a rechazarla. Durante una temporada diría que he estado mejor, pero desde mi gran comienzo de año en 2011 hay cada vez más cosas que me producen ansiedad (aunque me enfrente a ellas, me siento como un animal atrapado: alerta y preparado para atacar).
Supongo que tendré que hacer hincapié en ello en mi próxima visita a la psiquiatra (para la que no queda demasiado por fortuna).
En realidad hoy lo que quería comentar, aunque luego me haya ido por las ramas, es que no queda más que la cáscara de aquella persona que tuvo el accidente en 2005. Ese día él empezó a morir y yo a nacer (para desgracia de ambos). Y quien me recuerde en el futuro, espero que diga que esos fueros los años de mi vida.
Parece que a esas preguntas sólo se puede contestar que todo te va genial, y aunque yo suelo contestar con un seco "como siempre", lo cierto es que la realidad es que me va como el culo y cada vez peor. En los últimos años apenas he levantado cabeza y cuando lo he hecho ha sido para volver a agacharla. Hace mucho que sobrepasé ese punto en el que me avergüenzo de mí, de lo que soy ahora, en lo que me he ido convirtiendo desde que tuve el accidente.
No son ya las taras físicas las que me preocupan sino lo mucho que ha cambiado mi persona, para mal en muchos aspectos. Quizá mis algunos de mis valores se hayan reforzado, puede que haya pulido algunas cosas de mí pero en general soy un aberración comparado con el chico que fui. Necesito las gafas de sol para salir y sentirme medianamente seguro cuando voy por la calle, me agobia al extremo estar con gente y cosas tan sencillas como ir a comprar, aunque las siga haciendo por necesidad, se han convertido en un infierno para mí.
Recuerdo que el primer ataque de ansiedad lo sufrí cuando, después de realizar el curso, fui a entrar en Atento y no pude bajarme del coche. Recuerdo que me salió una oferta para dar clases y al pensar en ello los nervios me obligaron a rechazarla. Durante una temporada diría que he estado mejor, pero desde mi gran comienzo de año en 2011 hay cada vez más cosas que me producen ansiedad (aunque me enfrente a ellas, me siento como un animal atrapado: alerta y preparado para atacar).
Supongo que tendré que hacer hincapié en ello en mi próxima visita a la psiquiatra (para la que no queda demasiado por fortuna).
En realidad hoy lo que quería comentar, aunque luego me haya ido por las ramas, es que no queda más que la cáscara de aquella persona que tuvo el accidente en 2005. Ese día él empezó a morir y yo a nacer (para desgracia de ambos). Y quien me recuerde en el futuro, espero que diga que esos fueros los años de mi vida.
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