Resentimiento
No quiero explotar sin más o irme si haberlo soltado de una maldita vez. Siempre intentando mostrar mis sentimientos hacia ti y he ocultado a los que éstos se enfrentaban.
Puede que una parte de mí crea que te quiere, o más bien a la persona que quise creer que eras; la otra sin embargo no puede evitar enfrentar los buenos recuerdos a los hechos y a tu comportamiento conmigo. Sé que me mentiste, que usaste mis frases que yo te había dicho a ti para decírselas a tu supuesto ex (ya incluso lo dudo), mientras a mí me hablabas de todos los defectos que él tenía. Afirmaste que te daba miedo. Me prometiste que no volverías a hablar con él más y que respetara tu decisión de separarte de mi un tiempo. Lo hice. Volviste a entrar en mi vida un par de semanas después en forma de un escueto e-mail en el que me decías que habías vuelto con el ser horrible que habías descrito y que no querías volver a saber de mí jamás. No tuviste el valor de hablar conmigo por teléfono, ya no para darme una explicación (que la merecía) sino para dejar que me despidiera de ti.
Me fue vedada tu amistad. Asumiste las condiciones de una persona que te había traicionado y quizá para ti sea una excusa, para mí no lo es. Tú tenías el poder en tus manos, podías poner tus normas, podías haber actuado bien en lugar de pisotear el corazón de alguien que lo había dado todo por ti.
Me arrebataste toda esperanza y aunque quizá la persona que teníamos en común te lo haya ocultado, me mataste en ese momento. Supongo que fue culpa mía fiarme de tus palabras y dejarme embaucar por tu sonrisa, yo desee creer que no eras una ilusión. Desee que la magia entre nosotros fuera real mas sólo fueron palabras para ti, adornando un mero rollo de verano.
Lo que más me duele es que podías haber sido sincera conmigo desde un comienzo y decirme que no querías nada más allá de una aventura. No te habría abierto las puertas a mi ser y no hubieras podido arrasarlo todo.
Supongo que Juanma no te ha hablado de las cicatrices que tengo en las muñecas, de la media docena de ingresos que he tenido intentado cruzar la puerta de este mundo, de que perdí doce kilos en apenas tres meses. Perdí toda ilusión contigo y no he recibido ni una maldita explicación.
La excusa de tu pareja valdrá para ti, no para mí. He recibido tus llamadas de madrugada, te he escuchado y consolado en ese pequeño periodo de tiempo en el que estuve soñando que tu eras esa estrella que iluminaba mi mundo de tinieblas. Lo eras todo y todo te llevaste contigo; lo que habías traído y lo poco que yo tenía.
Desearía poder decírtelo a la cara, mandarte una carta o hacerte saber todo lo que pienso, lo bueno y lo malo, ahora que ya he perdido la amistad de aquel que te protegía de mis palabras. Eres afortunada de que no tenga medio veraz de contactar contigo; y no soy tan vil como para mandarte nada a tu trabajo. Al menos yo sí intento mantener un poco de clase.
Hace unos días hubiera dicho que, pese a todo, el sufrimiento posterior no era nada comparado con el placer de haberte conocido, con esa mentira que viví hace tres años. Hoy, habiendo perdido en gran parte por tu causa (pese a que de eso no tengas la culpa directamente) a mi mejor amigo, sí que desearía que jamás hubieras entrado en mi vida, que no hubieras aparecido ante mí al abrir la puerta de mi casa aquella noche. Todo habría ido mejor para mí y tú seguirías sola mientras tu amado perseguía a otras y juraba querer estar sólo contigo.
De alguna manera parece que libro de los males a aquellos que abandonan mi vida quedándomelos para mí. Y ahora porto mi dolor y el tuyo.
Deseo ser tan egoísta como vosotros y que seáis vosotros los que os quedéis con mi sufrimiento y con el vuestro. Ojalá los vientos del destino hicieran ahora uno de esos guiños que tanto le gustan y atienda mi petición, me de fuerzas para reconstruir mi vida y me traiga fortuna mientras derrumba vuestras vidas.
Puede que una parte de mí crea que te quiere, o más bien a la persona que quise creer que eras; la otra sin embargo no puede evitar enfrentar los buenos recuerdos a los hechos y a tu comportamiento conmigo. Sé que me mentiste, que usaste mis frases que yo te había dicho a ti para decírselas a tu supuesto ex (ya incluso lo dudo), mientras a mí me hablabas de todos los defectos que él tenía. Afirmaste que te daba miedo. Me prometiste que no volverías a hablar con él más y que respetara tu decisión de separarte de mi un tiempo. Lo hice. Volviste a entrar en mi vida un par de semanas después en forma de un escueto e-mail en el que me decías que habías vuelto con el ser horrible que habías descrito y que no querías volver a saber de mí jamás. No tuviste el valor de hablar conmigo por teléfono, ya no para darme una explicación (que la merecía) sino para dejar que me despidiera de ti.
Me fue vedada tu amistad. Asumiste las condiciones de una persona que te había traicionado y quizá para ti sea una excusa, para mí no lo es. Tú tenías el poder en tus manos, podías poner tus normas, podías haber actuado bien en lugar de pisotear el corazón de alguien que lo había dado todo por ti.
Me arrebataste toda esperanza y aunque quizá la persona que teníamos en común te lo haya ocultado, me mataste en ese momento. Supongo que fue culpa mía fiarme de tus palabras y dejarme embaucar por tu sonrisa, yo desee creer que no eras una ilusión. Desee que la magia entre nosotros fuera real mas sólo fueron palabras para ti, adornando un mero rollo de verano.
Lo que más me duele es que podías haber sido sincera conmigo desde un comienzo y decirme que no querías nada más allá de una aventura. No te habría abierto las puertas a mi ser y no hubieras podido arrasarlo todo.
Supongo que Juanma no te ha hablado de las cicatrices que tengo en las muñecas, de la media docena de ingresos que he tenido intentado cruzar la puerta de este mundo, de que perdí doce kilos en apenas tres meses. Perdí toda ilusión contigo y no he recibido ni una maldita explicación.
La excusa de tu pareja valdrá para ti, no para mí. He recibido tus llamadas de madrugada, te he escuchado y consolado en ese pequeño periodo de tiempo en el que estuve soñando que tu eras esa estrella que iluminaba mi mundo de tinieblas. Lo eras todo y todo te llevaste contigo; lo que habías traído y lo poco que yo tenía.
Desearía poder decírtelo a la cara, mandarte una carta o hacerte saber todo lo que pienso, lo bueno y lo malo, ahora que ya he perdido la amistad de aquel que te protegía de mis palabras. Eres afortunada de que no tenga medio veraz de contactar contigo; y no soy tan vil como para mandarte nada a tu trabajo. Al menos yo sí intento mantener un poco de clase.
Hace unos días hubiera dicho que, pese a todo, el sufrimiento posterior no era nada comparado con el placer de haberte conocido, con esa mentira que viví hace tres años. Hoy, habiendo perdido en gran parte por tu causa (pese a que de eso no tengas la culpa directamente) a mi mejor amigo, sí que desearía que jamás hubieras entrado en mi vida, que no hubieras aparecido ante mí al abrir la puerta de mi casa aquella noche. Todo habría ido mejor para mí y tú seguirías sola mientras tu amado perseguía a otras y juraba querer estar sólo contigo.
De alguna manera parece que libro de los males a aquellos que abandonan mi vida quedándomelos para mí. Y ahora porto mi dolor y el tuyo.
Deseo ser tan egoísta como vosotros y que seáis vosotros los que os quedéis con mi sufrimiento y con el vuestro. Ojalá los vientos del destino hicieran ahora uno de esos guiños que tanto le gustan y atienda mi petición, me de fuerzas para reconstruir mi vida y me traiga fortuna mientras derrumba vuestras vidas.

Comentarios
Publicar un comentario