Conversación

Tras un verano de separación hoy he tenido una charla con un amigo. No quiero entrar demasiado en los detalles de la misma, pero obviamente ha resaltado mis defectos tal como yo hiciera con los suyos cuando le expuse las causas por las que consideraba apropiado un distanciamiento entre ambos.

Hoy tras acabar la conversación he tenido que aplazar mi ducha para poder llorar un rato tirado en la cama. Incluso ahora sigo destrozado y no tardaré demasiado en tomarme las pastillas para intentar perderme en el mundo de los sueños, deseando que mañana se me haya olvidado un poco y las heridas no escuezan tanto.

No paro de pensar en los pocos temas a los que tantas vueltas hemos dado. Nuevamente siento que soy un completo extraño en el grupo de amistades de toda mi vida y considero que sin darme cuenta creí haber encajado sin haberlo hecho en realidad. Mi sino es la soledad y tengo que aceptarlo de una vez, sin ceder a lo que los demás crear que es mejor para mí.  Me he dado cuenta del daño que he hecho con cosas que he considerado inocentes, así como que he sido incapaz de estar a la altura de lo que yo esperaba de mí.

Finalmente el planteamiento honesto vuelve a ser el inicial: ¿qué es mejor para ambos? No apliquemos el apartado emocional y la respuesta es clara. Mantener el contacto nos hace daño. Hoy es el día en el que, tras una esclarecedora charla y un rato de meditación en el que no he podido evitar romperme creo que sé sin lugar a dudas cual es la respuesta correcta, que es lo mejor para todos, y es el avanzar en nuestras vidas. Cada uno por su camino, pues en realidad nuestros caminos se separaron hace mucho y el intentar mantenerlos juntos sólo ha conseguido hacernos daño.

Yo ni soy ni puedo ser la persona que desean ver.

Por otra parte, la conversación ha derivado inevitablemente en los temas relacionados con Garblita, y siendo honestos he de decir que era algo que creía superado y en lo que me he equivocado. No sé que siento, es todo demasiado confuso y se mezclan demasiadas sensaciones: la atracción y la magia que yo sentí entre nosotros, las mentiras que descubrí después, su desprecio hacia mí al ser incapaz de dar la cara demostrándome lo poco que yo le importaba en realidad... Y aún así como un estúpido quinceañero no puedo pensar en ella derramar alguna lagrima (o muchas).

Sé que tengo que aguantar pero en este momento sólo deseo morirme o desaparecer de cualquier otra forma, no existir, sin más.

He luchado demasiado como para rendirme ahora pero sí he de dar esa parte por perdida de una vez y olvidarme de casi todo lo que existe en Valladolid, incluso de la ciudad misma, y de allí quedarme tan sólo con una persona. No cederé esta noche a mi deseo pero sí aceptaré la realidad y haré lo que es mejor para todos.

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