Reflexiones: más de 8 años de dolor.
Otra noche de pesadillas, esta vez con mis queridos amigos los médicos y con la cita futura que tengo con la reumatóloga.
Lo cierto es que también he estado pensando en las conversaciones que he tenido con el equipo de salud mental y creo que no aprecian lo tarde que llegan. Bueno, ni ellos ni ninguno de los demás médicos parece darse cuenta de que no es algo que me haya surgido ahora y con lo que esté intentando aprender a lidiar. Ya tuve una primera etapa en la que simplemente esperé que con el tiempo y haciendo lo poco que me habían dicho, nada más que tomar ibuprofeno y myolastan, mi espalda mejoraría. No fue así. Por fin asumes que te verás limitado y te enfrentas al mundo con esa limitación pensando que conseguirás algo; luego te das cuenta de que te equivocas.
Tras ese primer período de un año y medio no cesé de buscar trabajo y de apuntarme a cursos. Tuve que abandonar muchos al principio tras haberme comprometido o haber comenzado por verme incapaz de cumplir con ellos por la parte física y en algunos casos por la psíquica, como fue en el caso Redes en el que el machaqueo constante y el hecho de que se me echara la culpa de todo, cuando yo sólo cumplía las órdenes que recibía (sin saber que debía hacer más cosas porque no se me había explicado, aunque no negaré que tuviera un par de equivocaciones) me hizo obligó a abandonar la empresa. Luego cambié a otro trabajo en el que la espalda me obligó a estar la cuarta parte del contrato de baja y porque yo solicité el alta.
Con el tiempo aprendí que tenía que conformarme con trabajos desagradables que la gente no quería y que no requerían de un esfuerzo físico o psíquico concreto, simplemente de no tener escrúpulos. Tuve que superar el pavor que me daba la sangre y acabé preparando cadáveres, entre otras tareas. Tras ello intenté trabajar en una fábrica y obviamente mi cuerpo tampoco lo aguantaba, mi mente aprendió a manejar los programas para trabajar en Atento y nada más sentarme me quedé completamente en blanco y me dio un ataque de ansiedad (ya he tenido alguno justo antes de entrar en un curso y he tenido que retirarme), tuve que dejar el trabajo.
Me obligué a salir cuando me vine a vivir al piso y hasta que no recurrí a las drogas no aguanté una noche por ahí. No me hacían feliz pero me permitían salir durante una noche olvidándome de todo, aunque al volver a casa viniera roto y con ganas de llorar.
Fue en 2010 cuando me animé a compartir piso pensando que me vendría bien. Una mala experiencia que puede leerse en la entrada de Marlene, pero en un año en el que había conseguido trabajo de forma milagrosa. Me metieron en un curso y pese a no tener mucha idea tuve la fortuna de que nos prepararon ellos con un curso, aún así me costó noches estudiando manuales mientras estaba el Hospital de Mérida para poder resolver los problemas que me planteaban. Cierto es que me volqué en ello para no pensar en otros problemas y que gracias a eso me recomendaron luego para el equipo de IBM. Luego Noe apareció en mi vida, justo cuando me llevé el gran fiasco de mi compañera de piso, y pensé que por fin mi vida iba cambiar (pese a que los dolores siempre estuvieron presentes, me tocó en una de esas temporadas que tengo de vez en cuando en las que no estoy deseándome morir). La traición vino por varios frentes y hoy en día pienso que es lo mejor que pudo pasar viendo mi situación. ¿Qué podría haber ofrecido yo si soy incapaz de valerme por mí mismo? Si la persona con la que había planeado pasar mi vida, la que vivió todo conmigo y conoció mi yo anterior no pudo aguantar a mi lado, ¿qué puedo ofrecer a una persona ahora que ya no soy ni un buen comienzo?
Si he perdido el interés en las relaciones es porque todas me han ido saliendo mal. Las amistades me han defraudado demasiadas veces, algunos se han preocupado mucho, otros de vez en cuando, pero cuando el daño ya estaba hecho y quizá una parte de mí sepa no quiere que le traten como a un cachorrito herido al que se atiende por pena. Esperaba apoyo por amistad y no lo tuve en su momento, aunque lo haya tenido por parte de alguna persona después (también hemos tenido discusiones y problemas).
La cuestión es que ha llegado un punto en el que no permito que se me acerque la gente, en el que soy incapaz de imaginarme amando y mucho menos siendo amado. Cuando me hablan del futuro yo ya me he dado cuenta de que desde hace un tiempo dejé de tener futuro, quedé atascado en un bucle infinito y tras tanto tiempo sé que esto es para siempre y es algo con lo que no podría hacer cargar a una persona a la que quisiera.
He intentado hacer vida normal demasiadas veces, superarlo, hacer todas esas cosas que me dicen que tengo que cambiar. Llevo años haciéndolo y no da resultado, no lo ha dado ¿Entonces qué? Ya he asumido mi maldición y no quiero compartirla con nadie, para mí sería más carga todavía el hacerlo.
En fin, he acabado viendo la vida como un largo camino de cristales rotos por el que hay que caminar descalzo y cuyo premio no es más que el descanso. Pero ese mismo premio puedes conseguirlo parándote en cualquier momento y saliéndote del camino prestablecido. ¿Para que recorrerlo entonces? Supongo que sólo merecería la pena hacerlo por los compañeros; pero yo ando solo...
Sí, algunos esperan que continúe en él. Es egoísta que no quieran perder algo que en realidad ya perdieron hace mucho pese a que se nieguen a asumirlo. Su amigo o su hijo murió después del accidente, quizá no de forma instantánea, pero sí en los años posteriores. No hay nada de él en mí. Y yo sólo quiero no sufrir.
Comentarios
Publicar un comentario