Y no morí
Echando la vista atrás para volver tantos errores y tantas elecciones en las que fallé, o más bien en las que falló la persona que era entonces. Como desearía volver siendo este nuevo ser y poseer aquel que en otro momento fui, forjarme una vida muy distinta y plantar cara de otra forma a tantas situaciones. Reparar lo irreparable, el pasado.
Tan poco me interesaban entonces los estudios que hice lo que se suponía que debía hacer: yo era de ciencias y era obligatorio para mí escoger ese camino. Probablemente la carrera militar que un día me planteé hubiera sido mejor opción, o tal vez haber estudiado esa carrera que siempre me llamó la atención pero que veía como un imposible por la carga que llevaba encima (y probablemente mi maldita moral me hubiera matado), derecho.
Es casi seguro que tampoco hubiera conseguido ninguna de las dos cosas. En realidad no sigo perdido buscando que camino he de seguir en esta vida y no encuentro ningún sendero de mi agrado. Hoy son mis pies los que están doloridos y los que no me permiten avanzar, soy yo el que porta una gran carga sobre su espalda y cualquier camino parece excesivamente empinado como para emprenderlo. Estoy harto de avanzar, de caer y retroceder, pero aún estoy aquí y aunque espero que el tiempo que me queda no sea mucho, si que deseo que las cosas mejoren.
De nuevo rapé mi cabeza. Soy una persona para la que todo tiene un significado y me prometí no dejarme el pelo largo hasta no cerrar las heridas del pasado; hasta que mis batallas no cesen. Una promesa más que rompí y tras quemar el cartucho del ingreso he optado por mostrarme como debo ser, el yo roto, el yo que lucha desesperadamente sin tener fuerzas por aquello que por justicia le corresponde.
Mi batalla por la minusvalía, algo que en parte no quería por no llevar ese título encima junto al de chiflado. Ya no me importa. He dejado de disfrutar de demasiadas cosas pero a su vez otras muchas han dejado de importarme por completo. Da igual como me clasifiquen los demás o como puedan verme, hace demasiado tiempo que renuncie a ellos y a sus opiniones y ahora sólo intento sobrevivir (o lo hace mi parte animal puesto que la humana preferiría la paz, si pudiera encontrarla).
Por ahora centro mis escasas fuerzas en conseguir otro imposible más en mi vida. Y aunque me gustaría decir al morir que no me rendí y siempre luche, lo cierto es que mi parte de guerrero cayó hace muchos escritos, vio atravesado su pecho por la lanza de las mentiras y quedó arrodillado y dejando escapar su sangre y su alma mientras rogaba por el final. De alguna manera salí de allí vivo, pero muerto a la vez.
Y si alguna sonrío hoy en día, de forma sincera, es porque sé que la única maldición que pueden mandarme ya es la inmortalidad y puesto que eso no ocurrirá, es sencillamente cuestión de esperar.
Tan poco me interesaban entonces los estudios que hice lo que se suponía que debía hacer: yo era de ciencias y era obligatorio para mí escoger ese camino. Probablemente la carrera militar que un día me planteé hubiera sido mejor opción, o tal vez haber estudiado esa carrera que siempre me llamó la atención pero que veía como un imposible por la carga que llevaba encima (y probablemente mi maldita moral me hubiera matado), derecho.
Es casi seguro que tampoco hubiera conseguido ninguna de las dos cosas. En realidad no sigo perdido buscando que camino he de seguir en esta vida y no encuentro ningún sendero de mi agrado. Hoy son mis pies los que están doloridos y los que no me permiten avanzar, soy yo el que porta una gran carga sobre su espalda y cualquier camino parece excesivamente empinado como para emprenderlo. Estoy harto de avanzar, de caer y retroceder, pero aún estoy aquí y aunque espero que el tiempo que me queda no sea mucho, si que deseo que las cosas mejoren.
De nuevo rapé mi cabeza. Soy una persona para la que todo tiene un significado y me prometí no dejarme el pelo largo hasta no cerrar las heridas del pasado; hasta que mis batallas no cesen. Una promesa más que rompí y tras quemar el cartucho del ingreso he optado por mostrarme como debo ser, el yo roto, el yo que lucha desesperadamente sin tener fuerzas por aquello que por justicia le corresponde.
Mi batalla por la minusvalía, algo que en parte no quería por no llevar ese título encima junto al de chiflado. Ya no me importa. He dejado de disfrutar de demasiadas cosas pero a su vez otras muchas han dejado de importarme por completo. Da igual como me clasifiquen los demás o como puedan verme, hace demasiado tiempo que renuncie a ellos y a sus opiniones y ahora sólo intento sobrevivir (o lo hace mi parte animal puesto que la humana preferiría la paz, si pudiera encontrarla).
Por ahora centro mis escasas fuerzas en conseguir otro imposible más en mi vida. Y aunque me gustaría decir al morir que no me rendí y siempre luche, lo cierto es que mi parte de guerrero cayó hace muchos escritos, vio atravesado su pecho por la lanza de las mentiras y quedó arrodillado y dejando escapar su sangre y su alma mientras rogaba por el final. De alguna manera salí de allí vivo, pero muerto a la vez.
Y si alguna sonrío hoy en día, de forma sincera, es porque sé que la única maldición que pueden mandarme ya es la inmortalidad y puesto que eso no ocurrirá, es sencillamente cuestión de esperar.

!Hola,Manuel!
ResponderEliminarTienes suerte de poder salir del yugo de el que diran o veran los demas,eso es dificil y tu lo has logrado,eres fuerte,amigo mio,muy fuerte y te envidio por eso.
Tu vida esta en el punto donde comienza el largo periplo de la vitalidad y la energia,la pura sabiduria del hombre,aprovechala.
Muchisimos besitos,manuel.