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Suele poder comprobarse por el aumento de la frecuencia con la que escribo aquí puesto que cuanto peor me siento, mayor es mi necesidad desahogarme.

Los días pasan y me siento incapaz de encontrar nada con los que poder llenarlos, o más bien nada que me llene a mí durante las largas horas que hay en ellos. Duermo poco y aunque admito que me da miedo dormir, no sé si ese miedo es igual o menor al de mantenerme despierto en esta realidad.

Casi vacío. Las grietas en mi mundo sólo dejan escapar la bueno y no permiten el paso de algo que haga cambiar mi realidad. Quizá los sedantes me mantengan más calmado pero no cambian para nada mi estado de ánimo. Y hoy, nuevamente, quiero explotar. No es ira ni rabia, no es la frustración de enfrentarme a una sociedad pútrida en su mayor parte, es algo tristemente puro y únicamente mío. Hablo de ese dolor al que ya no puedo achacar ningún origen concreto. Esa tristeza forma una parte inseparable de mi esencia y parece ser que no hay forma de destruirla sin destruir la fortaleza en la que se resguarda.


Es verano y el calor me agobia más. Corre algo de aire en la terraza y paseo por ella buscando un poco de fresco y al mirar al exterior veo un mundo al que siento que ya he dejado de pertenecer, exploro algo que debiera serme tan familiar hasta dejar la mirada clavada en el suelo, tantos pisos abajo. Pienso en mis padres y me imagino tullido, con ríos de sangre brotando por los cortes hechos por mis astillados huesos, puedo sentir el frío venir, pero no la vida irse. Son demasiados milagros ya como para jugármela a empeorar mi situación y seguir atrapado en es mundo. Vuelvo dentro escapando de la tentación, pero no de los deseos.

Y como siempre digo ¿quiero morir? No. Quiero paz, dejar de sufrir (en todos los sentidos) y quizá algún día volver a conseguir sentir que algo me llena, sin tener que recurrir a sustancias químicas.

Pero esto bien ¿El motivo? He bajado a comprar pan y he sido amable con la cajera, he sujetado la puerta a unos vecinos y he mostrado una simpática sonrisa. Y por eso, según muchos, mi dolor es una simple mentira.

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