¿Mis deseos? Como una bestia atrapada en un cuerpo que no me pertenece deseo arrancarme la piel a pedazos. Desearía hacerlo con mis propias garras si se diera el hecho de que las tuviera, pero mis dedos acaban en simples uñas incapaces de desollarme o dejarme al menos las marcas que desearía tener.
Recurro a la más básica tecnología. Por alguna extraña razón necesito hacerme daño, quizá sea por mi odio hacia mí, hacia la sociedad o simplemente por sentir algo diferente. Como siempre, todo falla.
Mis órganos toleran cantidades inimaginables de medicamentos y mi piel es excesivamente dura para el cuchillo de cocinar e incluso para una cuchilla de modelismo. Apenas cuatro cortse de un milímetro de profundidad y consigo unas pequeñas marcas con las que he de conformarme. No es el objetivo deseado pero ese no ve posible conseguirlo, y eso que he casi he hervido mis brazos para hacer esos conductos más visibles.
Es por eso que cuando miro hacia abajo desde mi ventana no veo la liberación; veo un río de sangre, huesos rotos, más dolor y dependencia, una mayor incapacidad y un mayor nivel de tortura, pero no la libertad.
He cortado mi pecho y mis antebrazoa. No me importa que las marcas se vean. No me importa esta mierda de sociedad. Cuando la gente pregunta respondo y un golpe directo de sinceridad suele callar a la gran mayoría; y delante de mis padres sólo he de usar manga larga, total, este verano no estaré aquí para usar la piscina y el día que vean mis marcas responderé lo mismo que la primera vez: me he cortado yo.
No sólo deseo las marcas, deseo también el dolor que conlleva hacerlas, un dolor distinto al que soporto normalmente, más bien un ardor. Las sumerjo en alcohol mientras limpio mi cuerpo dejando esas pequeñas líneas rojas, cicatrices físicas que se unen a otras muchas y que no son ni una pequeña parte de las que llevo en el alma.
Y ahora debiera buscar el sueño, pero entre el pasado domingo y hoy he agotado todas las pastillas de dormir que me quedaban, por no decir que temo mis pensamientos al tumbarme sin sueño.
Recurro a la más básica tecnología. Por alguna extraña razón necesito hacerme daño, quizá sea por mi odio hacia mí, hacia la sociedad o simplemente por sentir algo diferente. Como siempre, todo falla.
Mis órganos toleran cantidades inimaginables de medicamentos y mi piel es excesivamente dura para el cuchillo de cocinar e incluso para una cuchilla de modelismo. Apenas cuatro cortse de un milímetro de profundidad y consigo unas pequeñas marcas con las que he de conformarme. No es el objetivo deseado pero ese no ve posible conseguirlo, y eso que he casi he hervido mis brazos para hacer esos conductos más visibles.
Es por eso que cuando miro hacia abajo desde mi ventana no veo la liberación; veo un río de sangre, huesos rotos, más dolor y dependencia, una mayor incapacidad y un mayor nivel de tortura, pero no la libertad.
He cortado mi pecho y mis antebrazoa. No me importa que las marcas se vean. No me importa esta mierda de sociedad. Cuando la gente pregunta respondo y un golpe directo de sinceridad suele callar a la gran mayoría; y delante de mis padres sólo he de usar manga larga, total, este verano no estaré aquí para usar la piscina y el día que vean mis marcas responderé lo mismo que la primera vez: me he cortado yo.
No sólo deseo las marcas, deseo también el dolor que conlleva hacerlas, un dolor distinto al que soporto normalmente, más bien un ardor. Las sumerjo en alcohol mientras limpio mi cuerpo dejando esas pequeñas líneas rojas, cicatrices físicas que se unen a otras muchas y que no son ni una pequeña parte de las que llevo en el alma.
Y ahora debiera buscar el sueño, pero entre el pasado domingo y hoy he agotado todas las pastillas de dormir que me quedaban, por no decir que temo mis pensamientos al tumbarme sin sueño.

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