Medallas
Han pasado unas tres semanas desde que eché de mi vida a una persona con la que llevaba años hablando. Todo comenzó con una conversación como otra cualquiera, siempre preguntando por su estado de ánimos y apoyándola, pero sin hablar de mí, que es algo que reservo para mí mismo y para mi rincón. Insistió en rascar para ver que ocultaba tras esas ganas de esconderme y, en lo que yo entendí un momento de confianza decidí mostrarme tal cual soy aquí. No podía ver su rostro pero si que pude sentir la repulsión en sus palabras, algo que debía de haber supuesto que pasaría.
Pese a ello no es algo que me preocupe mucho. No es la primera amistad que pierdo, es más, desearía perder todas las demás completamente ya y quitarme una de esas cadenas que me atan a la sociedad. De esa conversación si que me marcó el comienzo, cuando un comentario inocente me llevo a plantearme que soy en realidad: "Nunca dices nada bueno de ti".
Estuve pensativo un rato y bromeé, con el tono amargo que correspondía a ese tipo de broma. No sé que dije, no puedo recordarlo. Lo que sí sé es que he meditado mucho sobre ello y que veo todos mis errores, mis fallos y el mal que hecho; incluso veo el mal que he estado a punto de hacer. Lo que no veo por ninguna parte es algo de lo que sentirme realmente orgullo, algo que cuente como una verdadera buena acción.
No hacer el mal no es el equivalente a hacer el bien, por lo que los momentos en los que me comporto de una forma decente, sin dañar a los demás, no sirven para borrar el daño que puedo haber hecho. ¿Qué buenas acciones he hecho en mi vida? ¿Dos, tres a los sumo? Puede que alguna vez le haya comprado un bocadillo a una persona que estaba pidiendo, puede que haya hecho algún favor a alguien... nada fuera de lo normal. No tengo medallas para ponerme.
Pienso sin embargo en el daño que puedo haber llegado a hacer yo con mis acciones a otras personas; a algunas personas en las que no depositaba mi atención sin darme cuenta de lo que eso podía hacerlas sufrir, o a otras a las que amaba y a la vez traicionaba de una u otra manera.
Ya no hablo de grandes relaciones ni de los amores de mi vida; hablo de esas pequeñas aventuras tipo cerilla que he vivido con alguna chica. Las denomino así porque arden con fuerza durante poco tiempo y luego se extinguen... Al menos lo hacía para mí, pero ¿y para ellas? No diré que nunca me paré a pensar en ello pero sí que mis disculpas, pese a ser sinceras, no justificaban mi comportamiento.
Recuerdo aquella primera chica de doce años, mi primera "novia", con la que estuve un par de meses y a la que dejé al irme a pasar el verano con mis primos. No la eché de menos allí, pero pude ver como durante meses bajaba hasta un esquina desde la que podía ver la ventana de mi cuarto y se quedaba allí. Sí, yo sólo tenía trece años y era una situación que no sabía llevar, pero a día de hoy me planteo como debía de estar pasándolo, la desesperación que debía de sentir para hacer eso y conformarse con poder verme si me asomaba en algún momento.
Mucho más tarde vino esa noche con Gema, un simple rollo aprovechando que ella estaba pillada por mí. Sí que pude disculparme con ella, por fortuna, tiempo más tarde, aunque las disculpas son algo que han de darse en el momento. ¿Quiénes más están en la lista? Alba, no creo que yo llegara a importarle mucho nunca, pero aún así fui bastante hijo de puta a la hora dejarla (lo suficiente como para que escribirlo aquí me avergüence). Lo de Elena no tuvo nombre; la dejé tirada completamente en un país extraño, habíamos hablado de que la relación se rompería en ese momento, pero no puedo negar que debía haberme portado mucho mejor con ella y que ella esperaba mucho más de mí, no sólo allí, también al volver. Nunca le he pedido perdón, y lo cierto es que ahora, viéndola casada (espero que felizmente) y tras años sin contacto, no creo que sea el momento: llegaría casi quince años tarde y podría interpretarse de otra forma.
Hubo otra Helena (ésta con hache), con la que tampoco llegué a tener nada porque se marchó también al extranjero. En este caso ella sí que dijo que habíamos tenido un relación y creo que lo máximo que pasó entre nosotros fue que tuviera que aguantarme borracho y algún que otro beso.
Son cosas que también me han hecho a mí, cosas por las que todos pasamos y que todos hacemos, sin darnos cuentas muchas veces, pero quizá sea ese el motivo por el cual no pueda sentirme enfadado con esas personas que me han mentido, pues que me doy cuenta de que forma parte de su humanidad.
!Hola,nesse!
ResponderEliminarReconoces tus errores y eso te honra,has tenido muchos desencuentros pero tambien buenos encuentros.Intenta superarlo y ser un poco mas feliz,querido amigo,no dejes que la melancolia te vence.
Muchos besos y buen fin de semana.
Como siempre, agradezco tu apoyo y tus comentarios. Hubo un tiempo en el que tenía la fuerza para comerme el mundo, pero por desgracia una cadena de sucesos acabaron con mi ser, y sin un motor capaz de moverla, creo que aunque siga ahí de poco va a servir. Ya sólo me queda este pequeño rincón en el que desahogarme a escondidas de mis conocidos mientras lo único que quiero es acabar ya esta espera excesivamente larga.
EliminarUn abrazo.
Piensa que las relaciones, ya sean amistades o amores pasajeros, se marchitas y sea durante un largo tiempo o fugazmente. Lo mejor que podemos hacer en todo caso es vivir el momento que tenemos buenos y despreciar los malos, ignorarlos y quedar-los de nuestra memoria.
ResponderEliminarCuánta razón tenías al decir que al final todo se marchita, para nuestra desgracia :(
Eliminar