Ladrones de momentos
Hablando con un amigo al que una chica ha utilizado hace poco, hemos sacado bastantes similitudes en el tipo de persona que te hace creer que te ama sólo para sacar un rato de diversión o provecho, quizá para sentirse querida, sin importar el daño que vaya a hacer.
Nos hemos dado cuenta de que el daño es tan grande porque te siente estúpido de haberte creído todo lo que te han contado, incluso habiendo a veces claras señales de que todo es una mentira. No duele es que sólo duela perder a una persona que has querido, o que quieres todavía; duele el abrir los ojos y ver que para esa persona no eres nada y nunca lo fuiste.
En mi caso, el ver fotografías o saber historias por un amigo común, saber como reía y disfrutaba de la vida, mientras yo me ahogaba en lágrimas noche tras noche, como me faltaban las fuerzas cada mañana (y me siguen faltando) para afrontar el día, como me ha arrebatado mi fe en las personas. Ver sonreír a esa persona me duele, pues sé que jamás ha vuelto a pensar en ello, que no he sido nada, un mero ovillo de lana para un gato con gato con ganas de diversión y que, tras dejarlo deshecho, ha olvidado su existencia.
Me ha arrebatado el tiempo y la esperanza; pero también lo único a lo que deseaba aferrarme: los recuerdos. Mero producto de mi imaginación, una realidad ficticia en la que yo quise creer; a la que ella me empujo a creer, sabiendo desde un comienzo que no sería más que un mero peón sin importancia en la partida que realmente se encontraba jugando.
Ya no me queda nada. Unas fantasías irreales de un amor que no existió jamás. Tan sólo eso.
Eso y un vacío que solamente el dolor puede llenar.
Ese fue mi sueño de unas noches de verano...
Nos hemos dado cuenta de que el daño es tan grande porque te siente estúpido de haberte creído todo lo que te han contado, incluso habiendo a veces claras señales de que todo es una mentira. No duele es que sólo duela perder a una persona que has querido, o que quieres todavía; duele el abrir los ojos y ver que para esa persona no eres nada y nunca lo fuiste.
En mi caso, el ver fotografías o saber historias por un amigo común, saber como reía y disfrutaba de la vida, mientras yo me ahogaba en lágrimas noche tras noche, como me faltaban las fuerzas cada mañana (y me siguen faltando) para afrontar el día, como me ha arrebatado mi fe en las personas. Ver sonreír a esa persona me duele, pues sé que jamás ha vuelto a pensar en ello, que no he sido nada, un mero ovillo de lana para un gato con gato con ganas de diversión y que, tras dejarlo deshecho, ha olvidado su existencia.
Me ha arrebatado el tiempo y la esperanza; pero también lo único a lo que deseaba aferrarme: los recuerdos. Mero producto de mi imaginación, una realidad ficticia en la que yo quise creer; a la que ella me empujo a creer, sabiendo desde un comienzo que no sería más que un mero peón sin importancia en la partida que realmente se encontraba jugando.
Ya no me queda nada. Unas fantasías irreales de un amor que no existió jamás. Tan sólo eso.
Eso y un vacío que solamente el dolor puede llenar.
Ese fue mi sueño de unas noches de verano...
Nunca podremos saber con exactitud qué sienten los demás, pero también hay personas que aún sonriendo continuamente, por dentro también lloran.
ResponderEliminarEn eso estoy casi completamente de acuerdo: algunos nos hemos especializado en ocultar nuestro verdadero yo y ser capaces de portar máscara cuando estamos con otros; pese a ello he aprendido, demasiado tarde por desgracia, a ver en el interior de las personas y a conocer sus verdaderos sentimientos (supongo que es algo que reconozco en los demás puesto que el camuflaje es un don que llevo muchos años practicando).
Eliminar