De soles y comidas

Un sol magnífico me invitó ayer a salir a la calle. Lo hubiera hecho con mayor agrado de tener alguna obligación que cumplir, una excusa para estar allí, pero por desgracia no había ninguna y pese a ello me obligué a salir.

Antes pensé un rato a quién podía llamar, quizá tuviera alguien en la agenda con quien me apeteciese estar y con quien poder sentirme cómodo, simplemente disfrutando del aire. La verdad es que pese al día estupendo, al sol brillante y un frío ausente (algo raro estos días), cada vez me me suponía una carga mayor el tener que salir de casa, pese a querer disfrutar del día un rato.

Si las calles estuvieran desiertas, si no existieran más personas, habría salido a la calle eufórico, gritando y corriendo. Pero no, la calle estaba repleta y debía salir allí, buscar una excusa, quizá salir a comprar algo.

Pase por delante de un par de tiendas y la desagradable sensación de tener que entrar me impidió hacerlo. No tenía ganas de rozar con nadie y pese a ello, seguía queriendo buscar una excusa para estar en la calle, quería obligarme a disfrutar del día.

Decidí ir a ver a un amigo que trabaja en un tienda que abre por las tardes. Andaba liado, pero en realidad no fue eso lo que me hizo darme cuenta de lo alejados que estamos ahora, de como se ha disipado la supuesta amistad que tuvimos. Y lo consideré uno de mis grandes amigos en su día, pero como tantos otros ha pasado a la historia ya, a un pasado repleto de recuerdos y buenos momentos, que van quedando enterrados bajo todos los malos que vinieron después. Así que volví a casa, a permanecer apartado de esas personas que pululan por la calle y con las que tan pocas ganas tengo de tener contacto.



A esto tengo que sumar que vuelvo a tener problemas con la comida. Quiero aclarar que no estoy ni a gusto ni a disgusto con mi cuerpo, al menos en como se ve externamente y no en cuanto a su defectuoso funcionamiento interno (tanto a nivel de hardware como de software) .  Tampoco es que no llegue a tener hambre, es que al mirar la comida, al igual que el resto de las cosas de la vida, me parece algo completamente insulto; de vez en cuando encuentro algo que llevarme a la boca y cuyo gusto me apetezca saborear, pero enseguida me siento saturado y aburrido de la comida y comer se vuelve algo muy pesado.  Así que finalmente como poco y mal, por obligación: un poco de arroz, un trozo de pan, algo de aquí o de allá... lo justo para intentar hacer que pase la sensación de hambre o de llegar a un punto de equilibrio con la de asco.

En realidad, llevo una larga temporada establemente mal. Intentaré explicarlo, dentro de que no estoy tan completamente hundido como llego a estarlo, que escapo de estar en uno de esos picos de desesperación, sigo sintiendo una apatía total por todo, esa falta de ilusión y de planes, de alegría.

Como siempre digo: muerto en vida.

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