Cuantas más veces me caigo, más me cuesta levantarme.
Últimamente estoy más para frases cortas que para ratos largos de desahogo en este lugar. Estoy en la fase alta de mi estado de ánimo, aunque eso no sea decir mucho, sabiendo que habrá una futura caída pero esquivando los pensamientos que puedan estar relacionados con ello.
Por ahora, sin planes ningunos, cada día que me acuesto es una victoria, un día menos que queda por avanzar y por vivir, por mucho que algunas personas me insistan en que me estoy perdiendo lo mejor de esta vida. Es para mí imposibles hacerles comprender a algunos que mi mente es muchísimo más compleja que la de un pez, que necesito muchos más motivos y muchas más respuestas para sentirme cómodo, no me vale con respirar o con llenarme la panza (cosa que hago por obligación más que por apetencia, pues lo cierto es que la comida suelo mirarla con bastante desgana).
Pensaba que me tocaría enfrentarme a mi sesión de psicología esta semana que ha pasado pero el descontrol que ha caído sobre el centro de salud con estos de los recortes, y el notable enfado por la marcha de una compañera, han hecho que mi cita pasada fuera considerada errónea y no me atendiera nadie (ni psicóloga ni administrativo), por lo que creo que es un enfrentamiento que quedará para un día futuro, puesto que mis postulados no han cambiado y con honestidad considero que está afrontando el problema como si yo fuera un paciente normal, sin pensar en lo mucho que disto yo de ser precisamente eso, normal.
Tengo construido ya mi guión sobre el cual trabajar, mostrando que todo aquello que ella propuso ya lo he intentado yo. Ya me he planteado mil objetivos y he fracasado; me he enfrentado una y otra vez a mis temores (y sigo haciéndolo), consiguiendo únicamente perder más fuerza y sentirme cada vez más derrotado. Veo un mundo vacío y me pide que vea en él un salida.... ¡Eh! ¿Crees que no se me habría ocurrido buscarla?¿Acaso no he analizado mil veces cual es el origen de mi mal y qué debería hacer para superarlo?
Tan sencilla será mi propuesta: puedes desahuciarme o enfrentarte a un reto de verdad. No te escudes en que soy yo quien no quiere ayuda, pues si no fuera así no estaría frente a ti.
Y cada vez más cercano a aquel chico de quince años que sentía asco de ser humano, y de casi todos sus congéneres. Olvidando el yo que construí y que derrumbé, con la ayuda de ciertas personas. Incapaz de confiar plenamente en la gente. Dejándome llevar, esperando que los días se desvanezcan llevándose su ración de dolor con ellos, mirando por la ventana del tren sin preguntarme cuando tendré que bajarme, simplemente que algún día mi parada llegará.
Últimamente estoy más para frases cortas que para ratos largos de desahogo en este lugar. Estoy en la fase alta de mi estado de ánimo, aunque eso no sea decir mucho, sabiendo que habrá una futura caída pero esquivando los pensamientos que puedan estar relacionados con ello.
Por ahora, sin planes ningunos, cada día que me acuesto es una victoria, un día menos que queda por avanzar y por vivir, por mucho que algunas personas me insistan en que me estoy perdiendo lo mejor de esta vida. Es para mí imposibles hacerles comprender a algunos que mi mente es muchísimo más compleja que la de un pez, que necesito muchos más motivos y muchas más respuestas para sentirme cómodo, no me vale con respirar o con llenarme la panza (cosa que hago por obligación más que por apetencia, pues lo cierto es que la comida suelo mirarla con bastante desgana).
Pensaba que me tocaría enfrentarme a mi sesión de psicología esta semana que ha pasado pero el descontrol que ha caído sobre el centro de salud con estos de los recortes, y el notable enfado por la marcha de una compañera, han hecho que mi cita pasada fuera considerada errónea y no me atendiera nadie (ni psicóloga ni administrativo), por lo que creo que es un enfrentamiento que quedará para un día futuro, puesto que mis postulados no han cambiado y con honestidad considero que está afrontando el problema como si yo fuera un paciente normal, sin pensar en lo mucho que disto yo de ser precisamente eso, normal.
Tengo construido ya mi guión sobre el cual trabajar, mostrando que todo aquello que ella propuso ya lo he intentado yo. Ya me he planteado mil objetivos y he fracasado; me he enfrentado una y otra vez a mis temores (y sigo haciéndolo), consiguiendo únicamente perder más fuerza y sentirme cada vez más derrotado. Veo un mundo vacío y me pide que vea en él un salida.... ¡Eh! ¿Crees que no se me habría ocurrido buscarla?¿Acaso no he analizado mil veces cual es el origen de mi mal y qué debería hacer para superarlo?
Tan sencilla será mi propuesta: puedes desahuciarme o enfrentarte a un reto de verdad. No te escudes en que soy yo quien no quiere ayuda, pues si no fuera así no estaría frente a ti.
Y cada vez más cercano a aquel chico de quince años que sentía asco de ser humano, y de casi todos sus congéneres. Olvidando el yo que construí y que derrumbé, con la ayuda de ciertas personas. Incapaz de confiar plenamente en la gente. Dejándome llevar, esperando que los días se desvanezcan llevándose su ración de dolor con ellos, mirando por la ventana del tren sin preguntarme cuando tendré que bajarme, simplemente que algún día mi parada llegará.
INEFABLE.
ResponderEliminarSIN PALABRA ALGUNA.
impresiona saber como es posible, que de dos personas distintas, se pueda sentir exáctamente lo mismo...
lo has bordado!
+1