Ironías

Hace mucho tiempo, cuando mis facultades mentales eran realmente funcionales y no servían como mero sustento para el control de las funciones del cuerpo que habito, mi percepción de la vida era muy distinta a la que mis embotados sentidos me permiten tener ahora. Por aquel entonces era capaz de predecir en multitud de ocasiones que es lo que iba a ocurrir simplemente tomando al universo como un ente vivo con un sentido del humor muy particular.

No hablo ya de otras cosas extrañas que bien podrían pertenecer a un espectro del mundo que hace demasiado tiempo que soy incapaz de apreciar; no son sueños sobre el futuro, ni ver u oír cosas que nadie más es capaz de sentir, hablo de la simple percepción de lo que puede suceder, más o menos como cuando intuyes que elección tomará un amigo en una situación concreta simplemente por ese conocimiento que tienes de él. O quizá esa sintonía.

Recuerdo cuando Couso, que era cámara, fue tomado como protagonista de un pequeño apartado de su noticiario. Supe en ese mismo instante que no volvería jamás a casa y así lo comenté en casa con mis familiares, pues sabía que entraba en el sentido del humor de esa entidad que podríamos denominar sino encontraría divertirlo hacerlo famoso, ver la ilusión que le hacía mostrarse como uno de los héroes que nos informaban de lo que ocurría en Iraq y no permitirle disfrutar de la heroicidad que creería que tendría tras ese pequeño momento de gloria.

La Vida no entiende de vida. Para ella la muerte, el dolor y el sufrimiento son cuestiones tan comunes y de igual valor como las que  pueden ser el placer y la salud; así que desde esa perspectiva que los mortales somos incapaces de comprender decidió que sería divertido convertirlo en el héroe que se veía que deseaba ser pero con sus propias condiciones, sin dejarle disfrutar de ello al hacer que falleciera pocos días después.

Para mí entonces era obvio. Lidiaba y utilizaba a mi favor mucho de ese conocimiento sobre los hechos "aleatorios" de la vida, pues entonces me sentía en sintonía con esa entidad.


Hoy, años después, vuelvo a ver su mano en algunas de mis circunstancias, a la par que desearía que fuera menos divina y más humana, en realidad en lo que a su comprensión de nosotros se refiere.  Y digo que veo su mano tras algunas de las cosas pues me extraña ser tan sensible a todos los efectos adversos de los medicamentos que tomo para intentar arreglar mi cabeza y a la par ser insensible no sólo a los efectos positivos de los mismos, también a los de los analgésicos que he tomado para intentar reparar mi espalda.  Sin embargo, cuando tomo cantidades letales de ellos mi cuerpo los asimila de forma estupenda haciendo que incluso los médicos duden de las cantidades ingeridas al ver mi estado y la conservación de alguna forma de lucidez en mis conversaciones con ellos (aunque creo que es más bien una especie de piloto automático desarrollado tras años de excesos con otro tipo de sustancias).

Sé que para La Vida es divertida mi situación y mi desesperación, puesto que recuerdo que alguna vez, cuando me dirigía a hacer los exámenes de la universidad, desee tener algún accidente para así tener una excusa a la que achacar mi fracaso académico.

Ya que en mi locura he perdido la capacidad de hablar con esa entidad, escribo mis súplicas de perdón por esos deseos y le pido algo de ayuda. Deseo recuperar ese pacto que tuve con ella una vez, en la que me mostraba una amplitud del mundo mayor a la que la mayoría de los humanos estamos acostumbrados, que comprenda que mi desesperación no forma parte de algo divertido y que vuelva a ayudarme a dirigir mi vida como lo hizo cuando me sacó por primera vez del pozo, hace ya varios lustros.  No me importa volver a ese estado de cordura en el que era capaz de ser feliz pese a ser capaz de ver y sentir lo que los demás ignoraban; abrazar la verdad a la que casi todos temen y a la que muchos llamarían Oscuridad.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota