¿Disfruto de la soledad? Ciertamente es así en algunas ocasiones; en otras sencillamente no tengo fuerzas para actuar delante de los demás, para comportarme de la manera en la que ellos quieren verme, de fingir.

He hecho muchas malas elecciones en mi vida (y cargo con ellas), sin embargo son aquellas cosas sobre las que no tenía poder alguno de decisión las que más me han marcado. Hace mucho que intento, al menos, escoger el camino que me haga sentir mejor conmigo, ser fiel a esa figura que una vez deseé ser. Mi recuerdo es lo único que voy a dejar, aunque preferiría ser olvidado, y será una imagen falsa de lo que he sido realmente.

Supongo que a la gente le asusta tanto la muerte porque piensan en ella como una elección y no es así. La muerte es algo seguro para todos, así que partiendo de ese punto clave, cuando llevas casi ocho años hundido en el fango y cada amanecer te das cuenta de que te encuentras a mayor profundidad que el día anterior, la pregunta de si alguna vez mejorará tu situación es inevitable.

El día a día se ha convertido en una tortura y estoy harto de mentir a todos, de fingir que sigo igual o mejor. He intentando autoconvencerme de que todo iba a mejorar, he gastado mis pocas fuerzas en arranques nada fructíferos y ahora sólo me quedan vacío y dolor. El dolor de los recuerdos del pasado, de como pudieron ser las cosas y como han acabado siendo. ¿Muerto? Sí y no. Murió la parte de mí que hacía la vida soportable, la que tenía sueños y esperanza, la que realmente conseguía disfrutar con pequeñeces. Quedo yo, lo peor, la culpa, los errores, un abstracto retrato en oscuros grises de aquella persona que una vez fui.

Pronto comenzará mi trigésimo cuarto año de vida y para mí esta vez será sólo una muesca más, un poco más cerca de abandonar este mundo en el que me siento preso.

Se presentan unos días encerrado en mi casa, protegiéndome de los demás, esquivando esos "buenos deseos" y demás felicitaciones que todos quieren ofrecer y que no tengo fuerzas para recibir.


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