Comienzan esas fechas en las que todo el mundo quiere celebrar algo, unos la unidad, otros el paso de un nuevo año... cualquier excusa parece buena para sonreír y fingir felicidad. Bastante me cuesta a mí llevar puesta mi máscara de normalidad como para cargarme con el peso extra de la felicidad.
Muchos hablan de sus deseos para el año que entrará; yo, sinceramente, sólo tengo uno y está en mi mano cumplirlo, pero en el otro extremo de la balanza se halla el dolor que pueda dejar a mis padres, pues es el único que me importa, o mejor dicho, el único que tomo en cuenta al hacer esta valoración.
Mi posibilidad de una vida normal se esfumó hace mucho, la ilusión de tenerla tiempo después. No son buenos tiempos para nadie, lo sé, pero aquellos que algunos tenemos grandes desventajas a la hora de competir y ya, siendo honestos, no tenemos ni el deseo de hacerlo.
En el fondo me alegro de que tantas personas que fueron importantes para mí hayan optado por salir de mi vida. Son las que mejor elección hicieron. Es más, intento comportarme como un gilipollas para apartar al resto y librarme de esa carga, irme haciendo el menor daño posible.
Muchos hablan de sus deseos para el año que entrará; yo, sinceramente, sólo tengo uno y está en mi mano cumplirlo, pero en el otro extremo de la balanza se halla el dolor que pueda dejar a mis padres, pues es el único que me importa, o mejor dicho, el único que tomo en cuenta al hacer esta valoración.
Mi posibilidad de una vida normal se esfumó hace mucho, la ilusión de tenerla tiempo después. No son buenos tiempos para nadie, lo sé, pero aquellos que algunos tenemos grandes desventajas a la hora de competir y ya, siendo honestos, no tenemos ni el deseo de hacerlo.
En el fondo me alegro de que tantas personas que fueron importantes para mí hayan optado por salir de mi vida. Son las que mejor elección hicieron. Es más, intento comportarme como un gilipollas para apartar al resto y librarme de esa carga, irme haciendo el menor daño posible.
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