Vivo la vida como si fuera una de esas películas de sobremesa a la que uno es incapaz de prestar atención; un mundo sin sentido, en el que avanzo sin rumbo completamente perdido, deseando encontrar una forma de orientarme, una dirección a seguir, esa opción que me permita volver a la realidad.
Ahora todo parece falso. Hasta el dolor. Convivo con él y apenas soy consciente de que hasta que me impide hacer cualquier actividad que debiera ser simple o rutinaria.
La comida ha perdido su saber y me obligo a comer cuando el vacío en mi estómago es lo suficientemente fuerte como para sacarme de mi estado de letargo. Veo los colores y me siento incapaz de apreciarlos. Al final todo es lo mismo, sin un sentido, sin un motivo ¿Qué importan las cosas?
Busco la quietud y la soledad pues no quiero que ya nada altere mi estado, mientras me mantengo en stand by, desconectado del mundo y de la existencia, consigo evitar pensar. Y pensar siempre trae consigo la desesperación.
Me doy cuenta de que cada vez mis desconexión con la realidad es mayor, apenas soy consciente de lo que me rodea ya. Suelo golpearme con las cosas al andar, más de una vez olvido hacer fuerza cuando voy a coger algo y acaba en el suelo.
Y fantaseo con ese salto hacia la nada. Un salto que no quiero dar pues traspasar mi sufrimiento no es la forma en la que espero librarme de él.
Quizá algún día haya conseguido apartarme de todo, abrazar el olvido y quedar transofrmado en un recuerdo borroso en la mente de los demás (como ya hice en la mente de muchas otras personas) y pueda ser libre sin culpa.
Ahora todo parece falso. Hasta el dolor. Convivo con él y apenas soy consciente de que hasta que me impide hacer cualquier actividad que debiera ser simple o rutinaria.
La comida ha perdido su saber y me obligo a comer cuando el vacío en mi estómago es lo suficientemente fuerte como para sacarme de mi estado de letargo. Veo los colores y me siento incapaz de apreciarlos. Al final todo es lo mismo, sin un sentido, sin un motivo ¿Qué importan las cosas?
Busco la quietud y la soledad pues no quiero que ya nada altere mi estado, mientras me mantengo en stand by, desconectado del mundo y de la existencia, consigo evitar pensar. Y pensar siempre trae consigo la desesperación.
Me doy cuenta de que cada vez mis desconexión con la realidad es mayor, apenas soy consciente de lo que me rodea ya. Suelo golpearme con las cosas al andar, más de una vez olvido hacer fuerza cuando voy a coger algo y acaba en el suelo.
Y fantaseo con ese salto hacia la nada. Un salto que no quiero dar pues traspasar mi sufrimiento no es la forma en la que espero librarme de él.
Quizá algún día haya conseguido apartarme de todo, abrazar el olvido y quedar transofrmado en un recuerdo borroso en la mente de los demás (como ya hice en la mente de muchas otras personas) y pueda ser libre sin culpa.
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