Desvaríos

Cerré mi blog. Ese lugar en el que compartía mis tristezas, pensamientos y rara vez mis alegrías de una forma anónima. En realidad fue algo secundario lo de compartirlas, sólo necesitaba escribirlas, pues era una forma de poder expulsarlas de mi cabeza temporalmente. Lo cerré porque quería pasar página, intentaba dejar todo atrás y centrarme en el futuro; pero el pasado nunca nos abandona. 

Seguiré intentando cambiar mi futuro, luchando por él e intentar no seguir atascado en todos esos recuerdos que no puedo quitarme de encima. 

Vuelvo por ello a escribir, esta vez de forma completamente privada, sin la necesidad de que nadie lo lea, sin el temor de que pueda ser así, pudiendo escribir todo lo que deseo y siento. Y aunque no llevo ni un mes sin escribir, todo lo que no he escupido estos días se agolpa en mi mente intentando salir, complicándome bastante esta tarea. 

Busco trabajo todas las mañanas; visito varias páginas de empleo mirando las ofertas que han sido publicadas. He ampliado mi rango de búsqueda y miro en todo el país. Aún así me siento incapaz de hacer absolutamente nada de lo que allí viene publicado.  Y más de una vez me pregunto si no tendré  que acabar escogiendo la otra salida al final, pues sólo consigo sentirme inútil. 
He fracasado en casi todas las cosas que me he propuesto, tanto personales como laborales. Vivo pues con la carga del fracaso, con ese sentimiento de no valer para nada, así como con el dolor constante en mi cuerpo (uno de los motivos por los que no soy apto para la mayoría de los trabajos). Hace demasiado tiempo que dejé de quererme y comencé a sentir asco por mí, y lo único que impide que ponga fin de a mi existencia es el daño que puedo a hacer a algunas personas. Pero el deseo sigue estando ahí.




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