Todo vuelve a la  normalidad tras el viaje a Pucela. Queda patente que los antidepresivos no funcionan, llevo cerca de dos meses y medio con ellos y sigo igual; a veces mejor y otras peor, en mi línea de siempre.
Desde que cerré el blog todos creen que estoy mejor, quizá Nuria sí que dude un poco de como me encuentro cada día, pero es una buena forma de quitar preocupaciones a los demás.
Pensar en el futuro siempre acaba hundiéndome. Me siento un completo fracaso en todos los aspectos. Y sí, aunque querría poder tener alguien a mí lado para hacer de esta vida algo menos doloroso, lo cierto es que en estos momentos me alegro por aquellas personas que se marcharon de mi vida, pues al menos podrán encontrar la felicidad (las que no la hayan encontrado ya).
Incluso en esos momentos de soledad, el deseo de tener a alguien en mi vida es breve. Pienso en lo poco que puedo ofrecer y descarto enseguida la idea de tener compañía. Sigo despreciándome y dándome asco, y sólo veo en mí la falta de opciones, la ausencia de futuro.
Al final, todo sigue siendo una mierda.

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