Marlene
Me despierto con la mandíbula dolorida por culpa de la tensión; me paso toda la noche moviéndome, apretando los dientes e intentando dormir algo. A ratos consigo dormir y mis sueños me despiertan. Por las mañanas me levanto temprano, cuando lo hace el sol pues aunque me sienta agotado físicamente me agobio de pensar en seguir en la cama, sabiendo que eso implica pensar o pesadillas en el mejor de los casos.
Suelen ser otros los temas que me vienen a la cabeza, ayer rememoré los días en los que compartía piso con Marlene y la forma en la que acabamos. No sé si he hablado ya de ella aquí, era una chica que vivió unos meses en una habitación de mi casa, de forma gratuita; teóricamente no tenía dinero y estaba mal con sus compañeras de piso, de las que hablaba como si le hicieran la vida imposible. Al comienzo de nuestra amistad ya se quedó aquí bastantes días a dormir y con el tiempo se me ocurrió que no sería mala idea invitarla a vivir aquí, a cambio de pagar la mitad del agua y la luz y así servirme un poco de apoyo con esto de la depresión. Durante el primer mes, en el cual yo no estaba trabajando, todo fue bien pues yo hacía todas las labores de casa al no tener otra cosa que hacer. He de decir que ella estaba liada con un amigo mío y todavía lo estuvo durante junio; este la dejó diciéndome que estaba chalada pero hasta entonces yo lo único que hacía era verla muy niña.
Estuvo de vacaciones en su tierra (Austria), arreglando unos papeles pues al venir aquí llevaba años viviendo con su novio y lo dejó poco antes de volver para allá, con él también la casa que tenían alquilada a medias (de ahí los papeles que tenía que hacer). Cuando volvió empezaron los problemas.
Yo comencé a trabajar y no tenía apenas tiempo para hacer las cosas de cosas; tenía además una hora para comer y en más de una ocasión al venir a casa me encontré con que mi comida había desaparecido y había sido devorada por ella. También me enteré que recibía una paga de seiscientos euros todos los meses, casi un sueldo de aquí, aunque no tenía intención de cobrarle nada por su estancia pues pensaba que me vendría bien tener a alguien en casa. Cuando vino comenzó a salir mucho más con sus otras amistades y a mí ya no me prestó atención, sumado esto al hecho de que se comía mi comida y que no fregaba absolutamente nada, ni los platos que ensuciaba, aunque yo estuviera currando hizo que empezara a estar mosqueado. Pero no quería enfadarme, supongo que a veces uno se calla las cosas y luego revienta, así que finalmente ella me notó raro y se lo dije.
No hizo nada para cambiar.
Es más, un par de noches estuvo aquí con un amigo y tuve que llamarles la atención para que dejaran de hacer ruido, puesto que debía levantarme al amanecer y era de madrugada (y si normalmente me cuesta dormir, con cachondeíto al lado ni os cuento). Así que me cabree y le dije que de estar con gente teniéndome yo que levantar temprano nada.
A los pocos días me iba yo a ir a la cama y se presentó con un chico, teóricamente la iba a ayudar con el un trabajo que debía entregar pero claro, también había sido la excusa que me había puesto con el otro. Así que me puse firme y le di una hora tope para que se fuera el chico. Por supuesto no se fue y pasé de decir nada por no montar un follón en la casa, aunque me pasé toda la noche alterado pensando en la cara dura que tenía. Después de esto me trajo otro tío más otra noche, en mitad de la madrugada. Obviamente ya estaba completamente mosqueado y le recordé que no podía meter gente en mi casa sin mi permiso, que tenía una habitación pero seguía siendo mi casa y al menos unas reglas mínimas debía cumplir. ç
Al final tuvimos unas discusión fuerte y la acabé echando. Al volver del trabajo le dije que no estaba cómodo así y que debía buscarse otro lugar, aunque que podía quedarse hasta que lo encontrara. Así que comenzó a gritar en alemán y se fue a su cuarto. No habló conmigo y por la tarde, estando yo con un amigo, comencé a sentirme un poco culpable (como buen idiota que soy) y quise hablar con ella. No me cogió el teléfono así que me vinimos a mi casa. Llame a la puerta de su cuarto y salió preparada para irse, intenté hablar con ella y su respuesta fue que ella no pensaba volver a hablar conmigo. Lógicamente yo le dije que si pensaba quedarse en mi casa al menos debería hablar conmigo algo y se fue ignorándome, algo que me revienta. La avisé diciéndole que si se iba así, sin hablar, que se buscara un sitio donde dormir que no lo haría en mi casa. Supongo que no me creyó pues ignoró completamente la advertencia.
La localicé a través de un amigo común, para que le pasara el mensaje. O volvía o a la calle. Ni por esas. Así que, tras una hora y pico de espera, le hice la maleta. Cuando volvió se quedó blanca pero yo en ese momento, y perdonadme la expresión, ya tenía los mismísimos hinchados y no estaba para hablar o solucionar problemas. Me había toreado todo lo que había querido y se había aprovechado de mi bondad. Así que sé que pasó unos días en casa de una amiga común (sabía que en la calle no se quedaba, pero sí que tendría que incordiar a los amigos unos días mientras buscaba, pero no podía aguantar más con ella en casa).
Lo cierto es que no he vuelto a hablar con ella. Y teniendo en cuenta de que después de tres meses que estuvo aquí se fue no solo debiéndome los tres meses de agua y luz, sino también dinero que me había cogido, que en lugar de apoyarme como habíamos hablando en un principio sólo había conseguido hacerme sentir molesto en un muchas ocasiones, sé que hice lo correcto al echarla (y muchos se extrañan de que no la echara antes). Aún así no fue grato para mí pasar por ese momento de tensión y verme obligado a hacerle eso a una persona a la que tenía mucho cariño (desgraciadamente le cojo cariño a la gente en seguida y luego he de olvidarme de ellos).
Pues ayer me vino toda esa circunstancia en la cabeza y me entró un agobio enorme. Reviví toda la tensión de esos días; por desgracia para los sentimientos negativos tengo muy buena memoria. Así que lo de dormir fue un fracaso total y con suerte llegará a las diez horas en los tres últimos días, encima las horas de cada noche no las duermo del tirón. En diez días deberían darme algo para ello, es mi consuelo.
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