Introspectiva

Por fuera, voy dando a mi cárcel un mejor aspecto. Apenas he ganado tres kilos desde el pasado verano pese a los cambios de alimentación y a la obligación autoimpuesta de hacer ejercicio. Es cierto que por fortuna mucho de ese peso ha sido en músculo por lo que parece que he ganado mucho más peso al haber ensanchado; también que he perdido mi orondo trasero de antaño y ahora se me caen hasta los calzoncillos.

Cuando estoy en presencia de la gente actúo como si estuviera mejor. Supongo que esto es bastante más sencillo teniendo en cuenta que sigo escondido en la fortaleza de mi casa y salgo exclusivamente para cumplir con obligaciones. Las oposiciones me proporcionan la excusa perfecta, aunque hace tiempo que decidí hablar claramente, y pese a intentar tener una sonrisa mientras hablo con la gente, por falsa que sea ésta, no oculto que mis realidades y las digo sin tapujos. No es que ahora desvele toda pensamiento o sensación que se me pase por la cabeza, pero no me da miedo decir que estoy mal y ese es el motivo por el cual prefiero no estar con nadie.

Y todos están convencidos de que estoy mejor: centrado en el estudio y el ejercicio, con obligaciones que me cuesta horrores cumplir, pues a mí hace mucho que se me hace duro despertar cada mañana y tener que enfrentarme a un día más de prisión


Pero por dentro...

Aquí haría falta ese enfoque de cámara que se dirigiera a mi cara sonriente, poniendo rumbo hacia uno de mis brillantes ojos oscuros para introducirse a través de la pupila y dar paso, tras un segundo de oscuridad a través de algo semejante a un túnel, a ese esmirriado monigote que sentado en el suelo abraza sus rodillas y esconde su cabeza entre las mismas. Sentado en una ciénaga devastada, repleta de tormentas de recuerdos, huracanes de melancolía y una lluvia que ha borrado cualquier camino que existente y que no cesa de caer, bajo un cielo gris oscuro, en una noche eterna. Y de las oscuras charcas de barro surgen aún algunos de los escombros que pertenecieron a ese lugar, antaño lleno de vida e ilusión. 


Y cuando encuentro las fuerzas suficientes para sacar la cabeza de su escondite no veo más que esa devastación, los recuerdos del pasado. Completamente estancado en esos sentimientos que se han negado a marchitarse y que campan con voluntad propia por este lugar. Viniendo a mí en las noches en las que la medicina no hace su trabajo y he de salir de mi cama para huir de ello, como si pudiera hacerlo. 

Al final no sé siquiera que siento ahora, más allá del dolor y la desesperación. ¿Tengo sentimientos reales o sólo el recuerdo de lo que sentí entonces?¿Extraño a la persona o la sensación que provocó en mí? No tengo respuestas. 

Sea como fuere, sigo aquí un día más, otro que tachar de esa larga lista que todavía tendré que aguantar, antes de poder cambiar de lugar.

Comentarios

  1. Supuestamente, si estás atareado con estudios y ejercicio y tienes la cabeza en otra parte no deberías darle tantas vueltas a esos pensamientos.
    Pero claro, eso es la teoría.

    Espero que algún día puedas dejar de contar así los días, y que eso suponga una mejoría para ti :)

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    Respuestas
    1. Desgraciadamente el ejercicio dura poco y lo del estudio... es como la lectura. Me cuesta un montón de esfuerzo, pienso en lo que no debo y no avanzo nada.

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