El turno de los consejos
A partir de este momento, vuelve la temporada de consejos. Todo el mundo sabe como debo actuar, que debo hacer y que es lo que me ocurre. Los viejas riñas familiares parecen no cobrar importancia, aunque hayan conformado parte de la situación. Ya nada importa, volvamos a ser una piña, todos felices.
Es fácil de asumir. No intento repartir culpa a nadie, simplemente la vida cansa y quizá, mi aguante, sea diferente al de los demás. Todos gritan ¡Lucha! ¿Y si simplemente no quiero luchar? ¿He de enfrentarme a décadas de una vida que no deseo por tener contentos a otros?¿Lo hacen por mí? No. Dicen hacerlo por mí, pero es el mismo egoísmo que nos mueve a todos siempre. Somos una especie egoísta. Estoy roto por no poder tener a alguien que es feliz sin mí; me duele que mucha haya seguido con una vida feliz sin tan siquiera volver a pensar en mí cuando he dejado de serles útil.
Y sí, lo admito. Aunque he permanecido demasiado tiempo esperando a que mi situación mejorase, sólo la veo empeorar. ¡Haz algo para que cambie! Gritarán los necios apresuradamente. Pues lo hago, aunque no lo parezca levantarme cada día ya es una lucha para mí, el asomarme por el balcón y no saltar... de vez en cuando el dolor se apodera de mí y pierdo esa capacidad de controlarme, en ese momento me arrojo al pozo sin miramientos. ¿Qué importa que ese momento sean minutos, segundos o hayan sido varios días? He buscando ayuda y no he obtenido nada.
Sí. Vuelta a luchar de nuevo, desde cero. Esta vez sin la compañía de mi fiel amiga Alicia, a la que condené a sufrir los mismos dolores que yo; su inteligencia fue mayor a su fidelidad y deseo que hoy, muy lejos de mí, esté disfrutando de esa felicidad que yo no habría sabido darle.
Mientras he podido dedicarme al trabajo al menos mi mente estaba ocupada. Pero se niega a centrarse en estudios u obligaciones menos físicas, pues en esos campos soy incapaz de controlarla.
Ya no sé ni lo que es el dolor físico. Sólo me acuerdo de él en esos casos extremos en los que me obliga a retirarme del juego apenas a comenzado; pero lo tengo presente a la hora de hacer planes. Es la desesperación, esa sensación de que soy incapaz de hacer nada útil en la vida, de que no encuentro ese sentido tan necesario para mí con el que explicar mi existencia, mejor dicho, con el cual justificarla. Yo deseo encontrar mi lugar en esta vida.
Ya no creo que tenga lugar alguno. La apatía se ha apoderado de mí y lo cierto es que me siento realmente vacío; sí, puedo reír, pero no puedo llenarme de ningún sentimiento salvo la melancolía que recorre mis venas y que tantas veces he intentado expulsar de allí.
¿Que Garblita sólo es una chica? Lo sé, apenas la conozco, y aún así sé que hay un par de cosas que no me han gustado en su forma de actuar conmigo, sin embargo a su lado me sentía capaz de conquistar el universo, un palabra suya y estaba listo para acometer cualquier locura. No había muros. El sonido de su voz, incluso en aquella nochebuena de hace un par de años, fue suficiente para hacerme volar durante el resto del día. Por eso la quiero, pero la quiero para mí y eso es un imposible.
¿Entonces, si tengo claro que es lo que deseo y tengo claro que no lo puedo tener, qué hago? Nada. Me siento como Dios empujando su estúpida piedra inamovible. No tengo fuerzas para buscar otra piedra, no tengo ilusión que entregarle a ninguna otra Noe. Es así de simple. A veces las jugadas acaban en tablas y en ese momento, el jugador tozudo continuará luchando, el sabio habrá visto ya la derrota y sólo le quedará aceptarla.
Bien ¿Todos quieren que juegue hasta el final? No prometo nada. Seré ese zombi en el que me convirtieron en una noche de verano.
Es fácil de asumir. No intento repartir culpa a nadie, simplemente la vida cansa y quizá, mi aguante, sea diferente al de los demás. Todos gritan ¡Lucha! ¿Y si simplemente no quiero luchar? ¿He de enfrentarme a décadas de una vida que no deseo por tener contentos a otros?¿Lo hacen por mí? No. Dicen hacerlo por mí, pero es el mismo egoísmo que nos mueve a todos siempre. Somos una especie egoísta. Estoy roto por no poder tener a alguien que es feliz sin mí; me duele que mucha haya seguido con una vida feliz sin tan siquiera volver a pensar en mí cuando he dejado de serles útil.
Y sí, lo admito. Aunque he permanecido demasiado tiempo esperando a que mi situación mejorase, sólo la veo empeorar. ¡Haz algo para que cambie! Gritarán los necios apresuradamente. Pues lo hago, aunque no lo parezca levantarme cada día ya es una lucha para mí, el asomarme por el balcón y no saltar... de vez en cuando el dolor se apodera de mí y pierdo esa capacidad de controlarme, en ese momento me arrojo al pozo sin miramientos. ¿Qué importa que ese momento sean minutos, segundos o hayan sido varios días? He buscando ayuda y no he obtenido nada.
Sí. Vuelta a luchar de nuevo, desde cero. Esta vez sin la compañía de mi fiel amiga Alicia, a la que condené a sufrir los mismos dolores que yo; su inteligencia fue mayor a su fidelidad y deseo que hoy, muy lejos de mí, esté disfrutando de esa felicidad que yo no habría sabido darle.
Mientras he podido dedicarme al trabajo al menos mi mente estaba ocupada. Pero se niega a centrarse en estudios u obligaciones menos físicas, pues en esos campos soy incapaz de controlarla.
Ya no sé ni lo que es el dolor físico. Sólo me acuerdo de él en esos casos extremos en los que me obliga a retirarme del juego apenas a comenzado; pero lo tengo presente a la hora de hacer planes. Es la desesperación, esa sensación de que soy incapaz de hacer nada útil en la vida, de que no encuentro ese sentido tan necesario para mí con el que explicar mi existencia, mejor dicho, con el cual justificarla. Yo deseo encontrar mi lugar en esta vida.
Ya no creo que tenga lugar alguno. La apatía se ha apoderado de mí y lo cierto es que me siento realmente vacío; sí, puedo reír, pero no puedo llenarme de ningún sentimiento salvo la melancolía que recorre mis venas y que tantas veces he intentado expulsar de allí.
¿Que Garblita sólo es una chica? Lo sé, apenas la conozco, y aún así sé que hay un par de cosas que no me han gustado en su forma de actuar conmigo, sin embargo a su lado me sentía capaz de conquistar el universo, un palabra suya y estaba listo para acometer cualquier locura. No había muros. El sonido de su voz, incluso en aquella nochebuena de hace un par de años, fue suficiente para hacerme volar durante el resto del día. Por eso la quiero, pero la quiero para mí y eso es un imposible.
¿Entonces, si tengo claro que es lo que deseo y tengo claro que no lo puedo tener, qué hago? Nada. Me siento como Dios empujando su estúpida piedra inamovible. No tengo fuerzas para buscar otra piedra, no tengo ilusión que entregarle a ninguna otra Noe. Es así de simple. A veces las jugadas acaban en tablas y en ese momento, el jugador tozudo continuará luchando, el sabio habrá visto ya la derrota y sólo le quedará aceptarla.
Bien ¿Todos quieren que juegue hasta el final? No prometo nada. Seré ese zombi en el que me convirtieron en una noche de verano.
la verdad es que no cumplo mi castigo, el hammbre me puede... aunque sea me consuela saber que en dos dias que e comido poco e perdido medio kilo. hoy a empeze mal el dia comiendo una bolsa de patatas bueno media, pero eso engordamucho en fin...
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