Despedida y cierre



Siempre he pensado en que debería dejar una carta escrita despidiéndome de todos aquellos que se han portado bien conmigo durante mi vida. Sé que hay decisiones muy difíciles de comprender y no pido a aquellos que puedan sentir algo por mi perdida, que a la hora de la verdad serán muy pocos, que sigan con sus vidas, yo no he sabido ser ni el amigo, ni el hijo que debiera haber sido para ellos.

Los que llevan toda la vida conmigo deberían darse cuenta del cambio radical que ha sufrido mi persona. Tengo dolores cada uno de los días de mi vida, a veces soportables y otras muchas, no tanto, pero lo suficientemente molestos como para afectar gravemente a mi vida social y laboral; mi cabeza comenzó a fallar tras el accidente, algo que no creyeron la mayoría de los médicos. Ahora sí sé que a parte de esos fallos, padezco de depresión crónica, lo asumo, pero seguiré asegurando que esos síntomas a los que no dieron importancia, junto con muchos otros de los que se rieron, se consideran hoy en día síntomas claros de la fibromialgia.  Y con ambas ando, desde hace siete años. La depresión, como si de un cáncer se tratara, se ha comido todo la alegría que pudiera  haber en mí y ya no existe el antiguo yo, no queda ilusión y apenas fuerzas para acabar vivo cada día y comenzar el siguiente.

Quiero decir hablar de lo mucho que quiero a mi familia, a mis amigos e incluso a esas personas que se portaron mal conmigo y aun así no he podido olvidar. Yo no nací con el don de borrar a la gente de mi pasado, nací con el de darlo todo por aquellos a los que amo, sea o no correspondido.

He tenido una vida plena, me he enamorado varias veces, he sido feliz y he sufrido desamores, he acometido fechorías, hecho locuras por amor, otras simplemente por hacer reír a los que tenía al lado. Y ahora sólo puedo decir que he sentido,

He pasado por siete cinco años de sufrimiento con una pequeña pausa en medio. Algunas personas aparecieron en mi vida y espero haber aportado tanto a las suyas como ellas hicieran con la mía. Pero ha llegado un momento en el que he perdido mi objetivo.

Puede que sólo haya pasado de los treinta, pero me siento un viejo en un mundo que ya no comprendo, me veo consumido por mis enfermedades y lo cierto es que es probable que, pese a mi corta edad, haya vivido más experiencias que muchísimas personas de mi edad.

Quiero que sepáis que no hay responsabilidades en vuestros actos, que es una elección difícil para mí, pero no tengo más aguante. Disfrutad de vuestra nieta, de vuestras amistades, de esa vida en la que, a la hora de la verdad, yo casi no participo. Dejad que pase de ser un recuerdo viviendo a simplemente lo primero, sin más.  No se puede culpar a nadie, salvo al conductor de aquel coche, de lo que me ha tocado vivir; igual que al pasotismo de médicos y del forense.

Ayer hablaba con Juanma y lo cierto es que cada uno sabe lo que quiere en su vida. De todas aquellas cosas  las que siento que puedo aspirar, al paz es la única de ellas.


Para aquellos que hayáis seguido el blog de este personaje anónimo, por fin podéis ponerme cara.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota