Adelgazando (sin querer)

Este año ha sido movidito, por lo menos la parte que llevamos de él. He intentando olvidar el pasado de diferentes formas y todas han resultado infructuosas. Esta claro que primero hay que olvidar y luego avanzar; sé que para ello necesito una estabilidad que no tengo (ni física ni emocional).

Supongo que uno no deja de aprender, aunque generalmente lo aprendido no me impide cometer una y otra vez los mismos errores. He estado centrado durante un tiempo: estudio y ejercicio. Al final mi cabeza hizo lo de siempre y el estudio se volvió tarea imposible; me levanto cada mañana con mi horario pero soy incapaz de hacer absolutamente nada y, hasta hace poco, al menos tenía la rutina física que había conseguido mantener.

Ahora me doy cuenta de que nuevamente estoy adelgazando un montón, ya ando de nuevo por los sesenta y cuatro, cuando mi natural siempre ha rondado los setenta. Me veo incapaz de hacer todas las comidas que he estado haciendo hasta ahora, siempre me ha bajado el apetito la llegada del calor, y claro, el cuerpo se resiente y tampoco me siento capaz de hacer todo el ejercicio que debiera.

Es más, a comienzo de año tuve que renovar la vestimenta porque toda la ropa se me caía, pues aún mantenía la que llevaba en dos mil diez, cuando era feliz (antes de bajar doce kilos de golpe por el disgusto). Entonces ya bajé a la talla 40, algo que me iba bastante bien, pero leches, se me caen ya esos pantalones, no hay manera de sujetarlos ni con cinturón. Pero aún, se me están comenzado a caer los calzoncillos (y uso una M); es la primera vez en mis más de tres décadas de vida que he veo que no tengo culo.  En verano llegué a pesar sesenta y uno, pero claro, entonces no hacía ejercicio y no tenía músculo, ahora, con músculo en el cuerpo, me veo todavía más delgado e incapaz de comer todo lo que me gustaría para poder aumentar un poco mi masa y parecer algo más saludable.

Lo peor no es eso, es que últimamente el cuerpo tampoco me responde como debería. Me siento agotado a todas horas y aunque por la noche no paro de abrir el ojo cada par de horas, lo cierto es que hay momentos en el día en el que siento que me voy a caer del sopor que me entra.

Así que guay, intento ponerme fuerte y me quedo más canijo y débil. La espalda me duele un montón encima por hacer ejercicio y mi mente sigue dispersa en problemas que no deberían existir ya, incapaz de centrarme en obligaciones o hobbies.

La verdad es que creo que va a ser hora de volver encerrarme un tiempo en mi fortaleza de la soledad, esperando recuperarme un poco de todo y desconectar de ese mundo exterior que me afecta mucho más de lo que me gusta admitir. Por ahora, con unas pastillas encima para ayudarme a hacerlo, voy a intentar regresar al mundo de los sueños una noche más, huyendo nuevamente de esta realidad.

Comentarios

  1. Hombre, adelgazar nunca viene mal, pero no es bueno de esa forma, aunque seguro que no se te ve tan mal como tú lo pintas :)
    Ya echaba de menos una entrada tuya, pensaba que habías desaparecido o algo así.

    Un saludo de Rei, y ánimo, que nada pueda con nosotros!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota