Y van tres
Y ya va la tercera, por ahora no desobedezco a la doctora, al menos hoy. Tuvo que ser una después de la siesta, para intentar relajarme un poquito tras ese error que dejó libres a mis recuerdos y mis paranoias para que me pudieran golpear. Otra sobre las diez de la noche, la que suelo tomarme normalmente para meterme a las doce en la cama y así madrugar perfectamente mañana, pero parece que ésta no hizo efecto y acaba de caer la tercera.
Rogando porque mis piernas dejen de temblar, algo que suelen hacer casi todo el día, al menos mi mente esté activa y no esté realmente centrado en alguna otra cosa. Exhalo el aire con fuerza y de forma constante antes de volverlo a tomar, es una forma de decirme "tío, tranquilízate un poquito". Supongo que en media hora esto habrá hecho efecto y podré dormir un rato antes de retomar, mañana, mi rutina diaria.
Hace tiempo la psiquiatra me dijo que pretendía tenerlo todo controlado y debía asumir que eso no era posible. En lo primero tenía razón, pero no es sino una consecuencia de mis circunstancias, pues por desgracia me conozco los suficiente para saber que en estos momento soy nitroglicerina, cualquier percance puede hacerme sentir como una auténtica mierda y provocar que me hunda aún más. Algo que me traiga un mal recuerdo, o uno bueno, es motivo suficiente como para que mi mente reaccione y la revolución interior comience. Por eso vivo encerrado en mí, y evito salir de mi hogar salvo para lo exclusivamente necesario, que suele ser hacer la compra, cosa que retraso todo lo que puedo, e ir mis clases.
Sé que me estoy aferrando a un clavo ardiendo al ver como mi única posible salvación la oposición, lo cierto es que sería una salvación para liberar de mi carga de una forma grata a aquellos que actualmente la soportan, a la par que a mí me daría la oportunidad de pasar mi tiempo ocupado.
Creo que me he acostumbrado a estar en casa, sin llevar la máscara, salir implica tenérmela que colocar nuevamente y cuanto menos tiempo la lleve, mejor me sentiré. Soy esto. Puedo mentir a la gente a la que quiero pero no tengo ganas de añadir personas a mi vida, sabiendo que el producto que tengo que ofrecerles es una mentira.
Soy preso de mis sentimientos habitando en una cárcel de carne ¿Qué más da dónde esté situada, si se mueve o lo que ésta haga?
Creo que voy a pasar de las tres y a subir la apuesta. Necesito dejar de pensar, mucho más de lo que mi cuerpo necesita descansar.
Rogando porque mis piernas dejen de temblar, algo que suelen hacer casi todo el día, al menos mi mente esté activa y no esté realmente centrado en alguna otra cosa. Exhalo el aire con fuerza y de forma constante antes de volverlo a tomar, es una forma de decirme "tío, tranquilízate un poquito". Supongo que en media hora esto habrá hecho efecto y podré dormir un rato antes de retomar, mañana, mi rutina diaria.
Hace tiempo la psiquiatra me dijo que pretendía tenerlo todo controlado y debía asumir que eso no era posible. En lo primero tenía razón, pero no es sino una consecuencia de mis circunstancias, pues por desgracia me conozco los suficiente para saber que en estos momento soy nitroglicerina, cualquier percance puede hacerme sentir como una auténtica mierda y provocar que me hunda aún más. Algo que me traiga un mal recuerdo, o uno bueno, es motivo suficiente como para que mi mente reaccione y la revolución interior comience. Por eso vivo encerrado en mí, y evito salir de mi hogar salvo para lo exclusivamente necesario, que suele ser hacer la compra, cosa que retraso todo lo que puedo, e ir mis clases.
Sé que me estoy aferrando a un clavo ardiendo al ver como mi única posible salvación la oposición, lo cierto es que sería una salvación para liberar de mi carga de una forma grata a aquellos que actualmente la soportan, a la par que a mí me daría la oportunidad de pasar mi tiempo ocupado.
Creo que me he acostumbrado a estar en casa, sin llevar la máscara, salir implica tenérmela que colocar nuevamente y cuanto menos tiempo la lleve, mejor me sentiré. Soy esto. Puedo mentir a la gente a la que quiero pero no tengo ganas de añadir personas a mi vida, sabiendo que el producto que tengo que ofrecerles es una mentira.
Soy preso de mis sentimientos habitando en una cárcel de carne ¿Qué más da dónde esté situada, si se mueve o lo que ésta haga?
Creo que voy a pasar de las tres y a subir la apuesta. Necesito dejar de pensar, mucho más de lo que mi cuerpo necesita descansar.
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