Unforgiven
En demasiadas ocasiones me siento culpable por mis fallos, por los actos que debí hacer y no cometí; por los que sí hice y fueron un fracaso. Muchos dicen que la vida es un campo de pruebas, que venimos sin aprender y es aquí donde, mediante nuestros errores, vamos aprendiendo. Estoy de acuerdo con la primera parte pero creo que nuestros errores no nos enseñan lo suficiente, o quizás no sea yo capaz de aprender las reglas de este juego con suficiente rapidez.
Me arrepiento de muchas cosas de las que he hecho, de las que dejé sin hacer, de tomar decisiones corazón y también de las que he tomado con la cabeza. Sea como fuere, no encuentro modo posible de comenzar a ganar en una partida que tampoco se me ha permitido abandonar.
Creo que una de las peores cosas que nos pueden pasar en este juego es la de darnos cuenta de que, agradeciendo las palabras de consuelo de los demás, que no dejan de estar vacías en cuanto a sentido para mí, somos los máximos responsables de todos nuestros errores, del daño que hemos causado a los demás y que no somos capaces de perdonarnos por ello. ¿De que me sirve ese perdón que por cariño, o por pena en la mayoría de los casos, me puedan conceder? Necesito sentir que he enmendado todos mis errores, que de alguna forma he reparado el daño que he causado, y no simplemente que sencillamente he dejado de causarlo.
Al final, aunque intente evitar mirarme a los ojos en el espejo cuando me cruzo con el por las noches, si fracaso no puedo impedir ese sentimiento de que podía haber hecho más, debía haberlo hecho todo mejor.
La culpa es algo con lo que he de vivir ya que, desgraciadamente, sí hay cosas imposibles de enmendar en esta vida. Entre ellas, muchos de mis errores.
Me arrepiento de muchas cosas de las que he hecho, de las que dejé sin hacer, de tomar decisiones corazón y también de las que he tomado con la cabeza. Sea como fuere, no encuentro modo posible de comenzar a ganar en una partida que tampoco se me ha permitido abandonar.
Creo que una de las peores cosas que nos pueden pasar en este juego es la de darnos cuenta de que, agradeciendo las palabras de consuelo de los demás, que no dejan de estar vacías en cuanto a sentido para mí, somos los máximos responsables de todos nuestros errores, del daño que hemos causado a los demás y que no somos capaces de perdonarnos por ello. ¿De que me sirve ese perdón que por cariño, o por pena en la mayoría de los casos, me puedan conceder? Necesito sentir que he enmendado todos mis errores, que de alguna forma he reparado el daño que he causado, y no simplemente que sencillamente he dejado de causarlo.
Al final, aunque intente evitar mirarme a los ojos en el espejo cuando me cruzo con el por las noches, si fracaso no puedo impedir ese sentimiento de que podía haber hecho más, debía haberlo hecho todo mejor.
La culpa es algo con lo que he de vivir ya que, desgraciadamente, sí hay cosas imposibles de enmendar en esta vida. Entre ellas, muchos de mis errores.
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