Para Alicia:
No escribo aquí para recordarte lo bueno que pasamos juntos, al menos lo que yo recuerdo como bueno. Escribo para confesar esas putadas que te hice, como te traicioné sin que lo supieras y como eso es algo con lo que he cargado durante tanto tiempo y de lo que jamás dejaré de arrepentirme. Supongo que ahora que ya has dejado claro que todo ese pasado no tiene valor para ti, no puede dañarte. Ahora puedo librarme de la carga de guardar estos secretos.
En realidad imagino que llegó a pasar para que Zara y tú perdierais la amistad, al menos para que os distanciaseis, para que siempre hiciera el gilipollas y te pusiera en compromisos con Jorge (creo que aquel chico se llamaba así).
Durante esas navidades, en una de esas tardes que quedábamos para que fuese aprendiendo a conducir, acabamos enrollados. Aquí podría hacerme el bueno diciendo que no pasó de ahí porque yo no quise, pero si acabas de leer este escrito, supongo que te darás cuenta de que mi intención no es la de quedar bien, pues no hay forma posible de que pueda hacerlo.
El tiempo pasó, discutimos unos días por tus agobios con el trabajo y lo agobiada que estabas con tus problemas de familia; viendo mi situación actual sé debería haber sido más compresivo contigo. Todo se arregló por esa oportuna operación de apendicitis, pero pese a que te portaste como nadie había hecho conmigo nunca, ya que siempre estabas allí para escucharme, volví a engañarte. Durante poco más de una semana tuve una aventura con aquella chica con la que tan poco te gustaba que hablase: Lucía. Dará igual que la dejase, sé que el día que intenté contártelo me di cuenta de que era contigo con quién quería estar; es posible que incluso recuerdes (si no has tenido la fortuna de borrar toda nuestra relación de tu memoria), fue durante uno paseo que dimos por uno de los caminos de la finca, en el que estuvimos a punto de cortar y acabamos llorando a moco tendido ambos, y como siempre, yo más que tú.
Ese día tome la decisión de que fueses la persona con la que querría pasar el resto de mis días (me refiero a la tú que conocía entonces, pues ya he dicho muchas veces que no sé quién eres ahora, al igual que sería para ti imposible reconocer a mi yo actual).
Sé que hubo muchas discusiones entre nosotros, muchos buenos momentos. Estoy aquí para escribir sobre verdades y has de entender que para mí no fue fácil saber que tus padres se oponían de forma tajante a que tuvieras una relación conmigo, sin ni siquiera conocerme.
También estuvo el accidente. Jamás dejaré de sentirme culpable por eso y hace poco averigüé el motivo: siempre había creído que había dos opciones, girar a la izquierda y recibir el golpe si nos adelantaban, con consecuencias que hubieran sido letales, o la que escogí, esperar a que el otro conductor tuviera los reflejos suficientes para adelantarnos o, en caso contrario, sobrevivir al impacto. Desgraciadamente había aún dos opciones más: podía haber seguido recto dándole un mayor espacio de reacción aunque fuera borracho, esperar que nos adelantase y luego haber dado la vuelta unos kilómetros más adelante, simplemente pensando que era un gilipollas o, también, haber intentado meternos en el camino de la derecha, aunque aún nos hubiéramos arriesgado a recibir un impacto trasero si no hubiera llevado yo la suficiente velocidad. Así que sí, considero que soy responsable en parte de lo que nos pasó; de no haber sido capaz de protegerte.
Creo que pasaron ya años hasta que comenzamos a estar mal de nuevo, cuando entré en tu casa por vez primera tu padre dijo que no quería que acabases con una persona como yo. Sé que yo me he callado muchas veces o he contribuido a las bromas que había en mi casa sobre tu ideología política, me arrepiento de ello por darme cuenta ahora, demasiado tarde, de lo incómoda que debías estar. Jamás me habría callado si alguien, hablando en serio, hubiera hecho un comentario como el que hizo tu padre.
Entiende que no quisiera verlo cuando, sabiendo nuestras penosas condiciones económicas, dijo que debíamos ir a un hostal porque le había faltado al respeto al estar sentado contigo viendo una película en el ordenador, estando el en su despacho y las puertas de ambas habitaciones abiertas.
La ausencia a la boda de mi hermana me dolió muchísimo. Sabes que si me hubieras pedido que fuese a por ti lo habría hecho, no había nada que más ilusión me hiciera que el hecho de que hubieras estado allí y hubieses podido recoger un ramo que en un principio era para ti. Que esa noche intercambie algún beso con una cría sí te lo conté al día siguiente, pues fue algo que me pilló por sorpresa completamente y de lo cual no tenía intención ninguna.
La verdad es que a partir de ese momento, de que no pudieras presentarte a la boda, en casa sí que hubo rechazo hacia ti. Yo volví a escapar de la única forma que sabía, huyendo en noches de alcohol y drogas, creo que eso fue el último mes que estuvimos juntos. Recuerdo alguna mañana haberte llamado tras una noche de fiesta, antes de que ninguno de los dos entrase a trabajar pero sabiendo que ya estabas despierta, esperando que tu voz pudiera traerme la paz que había buscado en las drogas y que no había encontrado.
La verdad es que mi cabeza estalló. No pude con la presión, entre el acoso que sufrí en el curro, los problemas entre nosotros, saber que tus padres (más bien tu padre al final de la relación, al menos a mi parecer) se oponían a ésta; que en mi casa tu ausencia en la boda hizo que mi se arremetiera a veces contra ti (mi padre no, nunca ha querido meterse en las relaciones); pero sí comentarios por parte de mi madre, de mi hermana y de Pedro.
Necesitaba una pausa para aclararme, sabía que te quería pero necesitaba saber que hacer con mi vida. Buscar un camino a seguir que todavía no he encontrado, dicho sea de paso. Ese septiembre que estuve en Madrid, justo antes de que me dejaras, supe que lo único que tenía claro en mi vida era que te quería a ti en ella. Esa era la única certeza y, a partir de ahí, destruiría todo y construiría mi vida de nuevo. Puedes imaginarte que cuando ese pilar maestro se derribó, un par de días después, sin que me dieras si quiera una explicación, me quedase completamente perdido.
Ambos hicimos muchas cosas mal, durante la relación. Admito que la mayor parte de los errores fueron míos y dudo mucho que de tú llegaras a portarte siquiera la mitad de mal de lo que yo lo hice contigo.
Luego, cuando me diste la oportunidad de retomar la amistad, no podía creer en mi buena suerte. Hice bien en no hacerlo, una semana después me despidieron y poco después conseguí que pensaras que lo único que deseaba era volver contigo. No niego que lo desease, pues ansiaba tenerte en mi vida más que cualquier otra cosa. Por supuesto me hubiera conformado con la amistad de la que ha sido la persona más importante en mi vida.
Intenté explicarme, hablarte y no perderte y cada vez que intentaba un acercamiento sólo conseguía alejarte más de mí. Ahora mismo sólo puedo decirte que temo que no sea indiferencia lo que pueda provocar en ti, puesto que nada te habría costado responder alguna vez que estabas bien, que preferías seguir con tu vida, sea la que sea, sin que yo participe en ella de forma alguna. Tengo mucho miedo a que malinterpretases una frase que te dije hace mucho: "Pedirme que te olvide es como pedirme que te mate", con ella quería decir que era algo increíblemente duro para mí y desde entonces temo que creas que quiero hacerte algún tipo de daño, eso implicaría que habrías olvidado completamente a la persona que un día quiso estar a tu lado. Creo que prefiero que me odies, que me tengas asco o que simplemente me veas como un pasado basura que es mejor dejar escondido debajo de la alfombra, pues esto, por mucho que me duela, sería menos doloroso que el hecho de que en algún momento hubieras llegado a temerme; y por desgracia esa fue la impresión que me tuve cuando borraste tu correo para que no pudiera volver a contactar contigo.
Tras todas las verdades que desconocías de mí veo imposible que creas que estoy intentando luchar por ser una mejor persona, cada vez que me miro al espejo me doy asco, odio la imagen que veo y lo que he sido, y eso es algo que no puedo borrar de mi memoria. Sé que he mejorado en valores, que todavía quedan demasiadas cosas por cambiar en mi vida. Hay muchos aspectos de mi yo actual que no necesito comentar, sé que no te importan y aunque hubiera sido así, lo que soy ahora, pese a ser mucho más honrado, es bastante más desolador para aquellos que han mirado dentro de mí.
Sé que he hablado de todo lo malo que vivimos, lo bueno, si quieres, puedes recordarlo tú (si consideras que hubo algo que lo fuera).
Sé que has tenido que aguantar mucho por mi estado de ánimo, algo que no ha mejorado en absoluto, por lo que sólo puedo decirte, aunque quizá demasiado tarde, que hiciste bien en darme la patada. Aunque no puedo negar que aún siga deseando tu amistad y la oportunidad de conocer a la persona que seas ahora. No te mentiré diciendo que albergo la esperanza de que alguna vez quieras intentar conocerme de nuevo, desde la distancia, teniendo muy presentes que yo ame a la persona que fuiste, a la de ahora no la conozco y que no tengo intención alguna de ir más allá del cariño que no he sido capaz de perderle a tu persona. No pretendo hablar contigo por teléfono, ni te pido cafés; pero desearía algún día poder tener noticias tuyas y saber como ha evolucionado tu vida.
Sé que puedes creer que es una treta para volver contigo, si lo fuera no te habría contado todo lo que he confesado aquí. Sólo extraño la parte de ti que fue mi amiga. Estoy demasiado perdido para pensar en historias de amor pasadas o futuras. Si llegaste a conocerme puede que recuerdes la importancia que doy a la amistad, eso hace que, teniendo en cuenta que fuiste mi mejor amiga durante más de tres años, me sea imposible relegarte al olvido. Y bueno, creo que ya he contado todo y que estoy extendiendo este texto más allá de lo que debería.
Pese a la opinión que os pueda merecer, mis mejores deseos para vosotros, así como agradecerte los años que me regalaste a tu lado.
Comentarios
Publicar un comentario