Origen y corazón

No sé muy bien por dónde empezar, hace poco más de una hora estaba tranquilo, sin pensar en nada, ya hacía tiempo que había comido y el sopor se estaba apoderando de mí. Viendo que era temprano he optado por echarme, como lujo, una pequeña siesta. Algo que hace tiempo que no hacía por placer. Mala idea.

Por las noches suelo dormir cuando las pastillas que tomo ya están actuando, antes de eso no me planteo si quiera lo de meterme en la cama. He sido un necio y olvidado el motivo por el cual, si quiero acostarme un rato debo tomarme las cápsulas: el pensar.  Nada más tumbarme y arroparme, preparándome para un sueño corto, he bajado las defensas al relajarme y los pensamientos que intento mantener encerrados han escapado en tropel.  Es increíble la de cosas que pueden pasarse por la cabeza durante unos pocos segundos, esos en los que todavía creía que sería capaz de descansar algo.

Primero he pensando en los orígenes de este lugar, en que lo creé exclusivamente como forma de no verme obligado a callar lo que quería contarle a alguien, sin obligarla a leerlo; dejándoselo como una elección personal (que sé que declinó hace mucho tiempo). Se transformó en un lugar en el cual podía divagar y es al final en el que hablo conmigo mismo, la mayoría de las veces, y con alguna otra persona de la que debo permanecer alejado, en el resto. Es una forma de poder hablar cuando no tengo a nadie que escuche, sin tener que recurrir a inventarme un amigo invisible.

A veces un medio de expiación, pues desde aquí pude disculparme con esa persona a la que tanto quise y de la que no se nada desde hace un lustro, por haber intentado recuperar su amistad (no confundir con la relación), alejándola todavía más de mí. Si es que eso era posible.

He pensado en todo lo que sé ahora sobre los verdaderos sentimientos de la chica que me arrojó a este pozo, en como hubieran cambiado las cosas si en lugar de intentar adornar las cosas hubiera sido sincera y me hubiera dicho que de mí sólo quería unos días, sin falsas promesas ni sentimientos de por medio.

También, y cambiando el tema a la segunda parte del título de esta entrada, en lo curioso que es que al recordar a ciertas personas, sintamos un dolor real en el corazón. No es un estado de ánimo de decaimiento ni melancolía, es ese dolor tan real como que podría llevarnos a pensar que algo nos oprime ese músculo en ese mismo instante. Igual que ese golpe seco que sentimos en la boca del estómago, o al menos a mí me pasa, cuando recibo una mala noticia o algo me impacta para mal; incluso el hormigueo que siento en las muelas cuando estoy nervioso esperando a que ocurra algo bueno.

Imagino que nuestro cerebro no tiene otra forma de representar esas sensaciones, y así acaban volviéndose más poderosas que la lógica, pues nos obligan a actuar por instinto. Al menos en mi caso, la pasión siempre acaba venciendo a la lógica, en lo bueno o en lo malo, si no la mantengo atada con ayuda de químicos.

Y bien, podría decir que aquí acaba, por ahora, el fruto de mi siesta. Algo que no volveré a intentar en mucho tiempo.

Comentarios

  1. "Mad World..." :)

    ... Y es que, en ese momento que separa la vigilia del sueño, yo no sé por qué, nuestro subconsciente nos juega tan malas pasadas.
    Es justo en ese instante cuando aparecen recuerdos y momentos que seguramente durante el resto del día mantenemos a raya. Pero cuando eso nos vence, no podemos evitar que afloren.

    Que digo yo que a veces es mejor que salgan ahí, ¿sabes? No sé, se me ocurre así a bote pronto, que para poder torearlos y lidiar con ellos. Cuanto antes podamos con ellos, mejor.
    Sí, ya sé, ya sé: La teoría siempre es muy fácil.
    :)


    Un beso!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota