Marcas
Miro mi corazón repleto de las cicatrices de la vida, probablemente no tenga muchas más que cualquier otro, quizá tenga incluso menos que el resto de la gente, simplemente es que algunas de ellas tardan demasiado en desaparecer.
Veo las que tuve en el pasado, lo que sufrí por otras personas y como han ido desapareciendo, enterradas bajo el polvo que levanta el paso de los años. Recuerdo, por ejemplo, las noches que pasaba en mi cuarto escuchando una y otra vez el trío de cintas de casete, incapaz de comprender el motivo por el que me había dejado la chica por la que lo había dado todo. Ahora, años después, lo que recuerdo es mis ojos humedecerse en su boda, pero por lo feliz que me sentía por ella. Todo puede cambiar, puede que las cicatrices no sean para siempre, aunque algunas ya están durando demasiado tiempo.
Ahora son dos las marcas realmente profundas que quedan marcadas en él, ha habido otras heridas después, algún rasponcillo sin importancia; pero las siento, fue esa enorme herida que lo rasgó de lado a lado, tras años de relación con una persona, algo que me dolió enormemente, que me llevo a la desesperación, pero de lo que parecía estar saliendo cuando alguien, con una preciosa sonrisa, dio un golpe seco en esa parte de mi ser a la que denomino igual que al músculo que bombea mi sangre, y ésta se quebró en una gran explosión.
Todavía hoy recojo los pedazos e intento reconstruir con ellos algo que me permita disfrutar más de la vida, con lo que pueda hacer que los latidos de su homónimo tengan un sentido. Y mientras el tiempo pasa y cada vez hay más recuerdos entre esa sonrisa y yo, siento que de la causante del gran corte sólo extraño la amiga que perdí; sin embargo, la que hizo que todo explotase no llego a ser mi amiga, no puedo extrañarla como tal, puede apenarme no haber llegado a conocer a esa persona. Supongo que el tiempo habría borrado la idea que yo tenía de ella y eso hubiera destrozado aplacado el furor inicial de mis sentimientos; no hubo tiempo suficiente para ello.
Esa persona es una completa desconocida y sin embargo, las llamas quedaron tras la explosión. Es muy extraño que queden vivas las brasas de uno sentimientos sin que estos estén dirigidos hacia alguien; podría compararlo con la primera vez que se toma algún tipo de droga, esa primera experiencia que no se va a repetir y cuyo recuerdo te queda en la mente, borroso. Supongo que desearía poder sentir eso de nuevo, hacia alguna otra persona; pero lo cierto es que ahora me sigo sintiendo muerto, creo que sólo he conseguido recopilar una ínfima parte de los pedazos, tan si quiera sé si los habré unido bien, así que ahora mismo he perdido la capacidad de sentir ese tipo de cosas.
Eso sí, como si de un diente roto se tratara, el dolor psicológico me afecta como el frío, el más mínimo roce puede llegar a tocar mi fibra más profunda, pues tampoco ha quedado ya protección. Es por eso por lo que me aparto y escondo, hasta estar realmente preparado. Todavía tengo que dejarlo sanar, dejar que el tiempo pase y quizá, en el futuro, sólo pueda recordar esas marcas, en lugar de seguir padeciéndolas.
Veo las que tuve en el pasado, lo que sufrí por otras personas y como han ido desapareciendo, enterradas bajo el polvo que levanta el paso de los años. Recuerdo, por ejemplo, las noches que pasaba en mi cuarto escuchando una y otra vez el trío de cintas de casete, incapaz de comprender el motivo por el que me había dejado la chica por la que lo había dado todo. Ahora, años después, lo que recuerdo es mis ojos humedecerse en su boda, pero por lo feliz que me sentía por ella. Todo puede cambiar, puede que las cicatrices no sean para siempre, aunque algunas ya están durando demasiado tiempo.
Ahora son dos las marcas realmente profundas que quedan marcadas en él, ha habido otras heridas después, algún rasponcillo sin importancia; pero las siento, fue esa enorme herida que lo rasgó de lado a lado, tras años de relación con una persona, algo que me dolió enormemente, que me llevo a la desesperación, pero de lo que parecía estar saliendo cuando alguien, con una preciosa sonrisa, dio un golpe seco en esa parte de mi ser a la que denomino igual que al músculo que bombea mi sangre, y ésta se quebró en una gran explosión.
Todavía hoy recojo los pedazos e intento reconstruir con ellos algo que me permita disfrutar más de la vida, con lo que pueda hacer que los latidos de su homónimo tengan un sentido. Y mientras el tiempo pasa y cada vez hay más recuerdos entre esa sonrisa y yo, siento que de la causante del gran corte sólo extraño la amiga que perdí; sin embargo, la que hizo que todo explotase no llego a ser mi amiga, no puedo extrañarla como tal, puede apenarme no haber llegado a conocer a esa persona. Supongo que el tiempo habría borrado la idea que yo tenía de ella y eso hubiera destrozado aplacado el furor inicial de mis sentimientos; no hubo tiempo suficiente para ello.
Esa persona es una completa desconocida y sin embargo, las llamas quedaron tras la explosión. Es muy extraño que queden vivas las brasas de uno sentimientos sin que estos estén dirigidos hacia alguien; podría compararlo con la primera vez que se toma algún tipo de droga, esa primera experiencia que no se va a repetir y cuyo recuerdo te queda en la mente, borroso. Supongo que desearía poder sentir eso de nuevo, hacia alguna otra persona; pero lo cierto es que ahora me sigo sintiendo muerto, creo que sólo he conseguido recopilar una ínfima parte de los pedazos, tan si quiera sé si los habré unido bien, así que ahora mismo he perdido la capacidad de sentir ese tipo de cosas.
Eso sí, como si de un diente roto se tratara, el dolor psicológico me afecta como el frío, el más mínimo roce puede llegar a tocar mi fibra más profunda, pues tampoco ha quedado ya protección. Es por eso por lo que me aparto y escondo, hasta estar realmente preparado. Todavía tengo que dejarlo sanar, dejar que el tiempo pase y quizá, en el futuro, sólo pueda recordar esas marcas, en lugar de seguir padeciéndolas.

Me gusta muchísimo como escribes, como te expresas. Aunque te genera tristeza al leerlo por el dolor que muestra, a la misma vez es precioso. No se si me explico bien. Espero que algún día consigas sanar ese gran corazón que tienes o al menos unir los trozos decentemente para poder volver a amar y ser feliz. Repito, nos merecemos ser felices y espero que tarde o temprano, así sea. Un gran abrazo.
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