Hancock
Estuve viendo ayer esa película. Diría que tengo pasión por las películas de superhéroes, lo cierto es que lo que me atraen son aquellos personajes que desde fuerza parece que podrían tenerlo todo y, sin embargo, en realidad son almas torturadas. Es esa semejanza a mí la que me atrae de ciertas películas.
En ésta en concreto, para aquellos que no la hayan visto, el prota pertenece a una raza especial que tiene poderes mágicos, creados por parejas hechas para unirse y morir juntos, viéndose obligado a sentir esa atracción mágica y aún así, a apartarse y dejarla escapar para poder verla feliz. El verdadero amor suele decirse que es ese, cuando o se hace de una forma egoísta, cuando haces lo que sea necesario, por mucho que tu ser te pida lo contrario, por la felicidad de otra persona.
Yo no soy ni parecido, por supuesto, al protagonista. Ni vuelvo, ni tengo superfuerza y de una galleta seguro que me tumban (si no me tumbo yo solito para evitar que me den otra). Mis parecidos son muy excasos, más bien un par diría yo. Por un lado tenemos en común que, desde fuera, todo el mundo considera que lo tienes todo para ser feliz, siendo incapaces de ver que la felicidad es algo intangible, invisible y mágico, que sólo puede sentirse dentro de uno mismo; el otro punto es el de que tengo que permanecer alejado de la persona por la que siento una especial atracción, para que sea feliz, pues cualquier acercamiento mío (además de que dudo de que, independientemente de otras circunstancias, fuera grato para ella) le acarrearía multitud de problemas.
Y así me veo, en la sombra, con esa sensación de pérdida incapaz de ser eliminada de mi pecho. Sin poder verla al menos feliz, conformándome cuando mi cuerpo no puede aguantar más esa sensación de tenerla fuera de mi vida, con leer alguna vez los escritos de aquel blog que ella escribía y que ahora está casi tan muerto como yo.
Al contrario que los personajes de estas películas, yo no tengo nada más. No sé ser un héroe, no tengo nada con lo que llenar el vacío. Libros, obligaciones y una fantasía que dura lo mismo que tarda cualquiera de mis sueños en volverse pesadilla.
A veces somos más superhéroes de lo que creemos. Luchar cada día con un problema psicológico es de un héroe sin duda, y yo me incluyo.
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