Esperando al sueño (otra vez)

Pues a continuar escribiendo, es lo único que sé hacer en estos momentos y que me ayuda a matar el tiempo. Vi un vídeo esta mañana sobre la felicidad, para ser felices debemos ser egoístas y dedicarnos a las cosas que nos producen placer, aunque no tengan mucho sentido, dedicarnos a nuestros hobbies y así tener tiempo para querernos. Para ser felices es obligatorio quererse, algo que yo hago muy poco.

Sé que cosas me hacían disfrutar antes, me encantaba ver películas y series, devoraba decenas de libros, dibujaba, escribía mi historias que inventé y no mis penas o pensamientos, disfrutaba jugando al ordenador, vivía las partidas que echaba, las charlas con los amigos... Supongo que me siento tan vacío ahora, porque estoy vacío, al menos de todas esas cosas, de esa ilusión que me permitía disfrutar de todo aquello que hacía, o al menos de muchas de esas cosas.

Ayer no pude dormir y tuve que recurrir a las pastillas, mi cabeza estaba hoy todavía demasiado afectada como para centrarme en el estudio y me he dedicado a intentar pasármelo bien. Obviamente he fracasado. Hace años que soy incapaz de leerme un libro, apenas leo un par de páginas si tengo un buen día antes de que mi mente vaya a cosas que considera más interesantes (y que yo preferiría que olvidara); veo las películas partidas en varias partes, si quiero pintar necesito tener la televisión de fondo y si quiero tener un rato la televisión de fondo necesito ponerme a pintar a  la vez. Juego a la consola y, realmente, ni vivo ni disfruto la aventura. Pero no, no estoy muerto aún.

Ojalá mi vida se dedicara a esa apatía hacia aquello que antes me hacía disfrutar y se extendiera a todo lo demás, desearía no sentir, ni placer, ni desasosiego, ni tristezas ni alegrías. Por desgracia sí que siento. Miedo, melancolía, tristeza, añoranza, soledad... sufro el mal de la vida, algo que no parece tener cura.

Hace tiempo discutía con un amigo que afirmaba que a todo el mundo le daba miedo morir; puede que tenga razón, quizá yo también lo tenga, pero es tan grande el miedo a la vida que me es imposible apreciarlo. Sólo veo la muerte como la llegada a la meta, la liberación de la penitencia. Sí, admito que es para mi una tentación semejante a la manzana del Edén, saber que está ahí y que la podría tomar en cualquier momento, la llave que abre la puerta de mi prisión.

Ahora no entra en mis planes. Peleo por otros, es lo único que sé hacer, pues no creo que hacerlo por mí mereciera la pena; peleo por no hacerles daño y por resistir, cada minuto que aguanto es una pequeña victoria... más bien diría que simplemente es un minuto que he retrasado la derrota, siendo honestos. Con miedo a vivir, con miedo a dormir, con miedo a soñar, etc. Poco pinto yo en este lugar y pocas posibilidades veo de futuro. Si los momentos de mayor felicidad los alcanzo imaginando que por fin muero.

Aún me quedan un millón de pensamientos que escupir, pero ya he perdido las ganas de continuar escribiendo; al menos por hoy se ha acabado.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota