Mi maldición

Invisible para muchos, incomprensible para otros. Oculta del mundo más básico, de lo que los ojos y los sentidos normales pueden percibir. Siempre estoy entre las sombras aunque los rayos del sol calienten mi piel, pues ese mundo putrefacto, falto de luz y de vida sólo existe en mi interior. Soy yo, lo que llena la carne que ocupo y que utilizo como disfraz.

Es mi interior lo que no encuentra un motivo real para avanzar en este mundo, soy yo quien busca, sin éxito, la forma de sentirme vivo más allá de las sensaciones más terrenales, a las cuales me arrojo en algunas ocasiones desesperado por el fracaso de mi búsqueda; siempre tan infructuosa. 

Y como si de la marea se tratase el sufrimiento crece en mi interior haciendo de mi rostro algo inútil para la tarea del disfraz; es en esos momentos en los que me encierro en tras los muros, esta vez físicos, de mi casa. Evito en esos momentos el contacto con la gente pues la amalgama de sentimientos que habitan en mi pueden provocar situaciones de inesperados resultados, como lo hicieron en tantas ocasiones anteriores.

Es imposible para todos comprenderme, ni yo lo consigo. Ésta es mi maldición, y supongo que ya que tengo mi desprecio, es imposible conseguir el aprecio real de los demás. 

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