201203201459

De nuevo en el foso tras mi última caída, sin que pueda ya sorprender a nadie este hecho, debido a el exceso de repeticiones que ha tenido el mismo. Y aunque quiero encontrar la fuerza para levantarme de nuevo, rechazo cualquier mano que me pueda ser tendida de nuevo, no quiero arrastrar a este lugar a nadie; menos aún cuando esas manos se dirigen hacia mi oscuridad con la intención de ayudarme. 

Y mientras busco, mis pensamientos se aferran a la idea pasada de separarme de todo de nuevo, de apartarme de todo aquello que me importa o me importó alguna vez, ha librar de la maldición de mi compañía a aquellas personas a las que quiero. Por muy tentadora que sea la salida, siempre tan cercana aunque también aparentemente infranqueable para mí, no quiero dejar el castigo de mi ausencia definitiva para aquellos que, extrañamente, sufrirían con algo que más bien debería ser un presente.

Ahora sólo me queda apartarme de todo, reconstruir mi fortaleza interior y tapiar puertas y ventanas encerrándome en mi propio ser. Tal vez no pueda matar mi alma, pero si encarcelarla y quedarme convertido en una máquina de sangre y carne, pues no pretendo ya sino mantener con vida esa única parte de mí. 

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Quizá fuese el dolor físico el que acabó destrozando mi débil mente, hoy se cumplen ya siete años sin separarme de él y, al igual que como a tantas cosas, ya casi he dejado de darle importancia.

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