Videojuegos I

He pasado mucho tiempo jugando a videojuegos, evadiéndome de este mundo para ir a muchos otros,  usar en ellos cualquier tipo de avatar con el que poder vivir miles de sensaciones imposibles en mi vida real.
Mis tiempos de luchador en Street Figther II, Fatal Fury Special e incluso en la WWE con algún otro compañero peleando a mi lado o esperando el relevo. Aquellas tardes limpiando el mundo de rufianes con las recreativas de Captain Commando o Final Fight;  escribiéndo la historia de nuevo en Joe&Mac Caveman Ninja; descubriendo paraísos perdidos con Prehistoric Isle.
No podían faltar las tardes salvando a la dama en la historia de Toki, o disfrutando de una guerra de bolas de nieve con los SnowBros. Todas esas máquinas que tanto nos hicieron disfrutar y que, por fortuna no hemos de dar por perdidas gracias al mame, ahora sí, si los matones de recreativos que podían amargarte cualquier partida cuando aparecían. Faltará el bullicio de decenas de niños yendo de una máquina a otra para observar el progreso de los jugadores, pues no todos podían permitirse el lujo de jugarse cinco duros cuando les  apeteciera. Podremos acabar un juego sin tener un masa de crías humanas estrujándonos contra la máquina y sin buscarnos una moneda rápidamente y con desesperación, mientras tu compañero de partida grita: "¡Continúa, continúa!".

He decir que es mucho más cómodo jugar desde casa, sobre todo cuando ya se va teniendo una edad y lo de echar la partida se hace más para desconectar que para reunirte con los amigos en algún lugar concreto. Supongo que parte de ese encanto que nosotros vivimos, la siguiente generación se lo perderá; y a su vez, probablemente, ellos considerarán en unos años algo de lo que hacen, como una cosa imprescindible de su época y que otros no pudieron disfrutar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota