Llega la Navidad
Llega esa época en la que, en teoría, nos volvemos mejores personas; todo se vuelve entrañable, es más sencillo sonreír a los demás y mentirnos para creer que el mundo va bien. Quizá simplemente finjamos un poco, pero a veces obligarnos a actuar de una determinada forma acaba siendo positivo.
Puede que ahora no disfrute de estas fechas, que no signifiquen nada para mí; hubo un tiempo en que me emocionaba ver los tenderetes montados a lo largo del Paseo de Cánovas, las luces anaranjadas dando un toque cálido a la fría noche cacereña. El calor del gentío aglomerado, el barullo formado por los grupos de amigos, las familias juntas caminando, esas muestras de felicidad ajena que hacen creer a un excéptico como yo que quizá todavía tengamos esperanza.
Por ahora me quedaré con el recuerdo de cuando era yo el que caminaba cogido del enorme dedo índice de mi padre, o al menos así me lo parecía por entonces; en aquella época en la que veía todo desde la altura de la rodilla de un adulto y me sentí que existían dos mundos: el suyo y el mío; cuando estar en casa era lo que te reconfortaba y te hacía sentir seguro, pues creías que ningún mal podría jamás atravesar esos muros.
Cuando aún tenía la fortuna de ser un niño.
Puede que ahora no disfrute de estas fechas, que no signifiquen nada para mí; hubo un tiempo en que me emocionaba ver los tenderetes montados a lo largo del Paseo de Cánovas, las luces anaranjadas dando un toque cálido a la fría noche cacereña. El calor del gentío aglomerado, el barullo formado por los grupos de amigos, las familias juntas caminando, esas muestras de felicidad ajena que hacen creer a un excéptico como yo que quizá todavía tengamos esperanza.
Por ahora me quedaré con el recuerdo de cuando era yo el que caminaba cogido del enorme dedo índice de mi padre, o al menos así me lo parecía por entonces; en aquella época en la que veía todo desde la altura de la rodilla de un adulto y me sentí que existían dos mundos: el suyo y el mío; cuando estar en casa era lo que te reconfortaba y te hacía sentir seguro, pues creías que ningún mal podría jamás atravesar esos muros.
Cuando aún tenía la fortuna de ser un niño.
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